El callejón sin salida de la investidura ya está sembrando la división entre los líderes independentistas catalanes. No es intencional, pero el presidente cesado Carles Puigdemont está rompiendo la unidad entre los secesionistas.

El callejón sin salida de la investidura ya está sembrando la división entre los líderes independentistas catalanes. No es intencional, pero el presidente cesado Carles Puigdemont está rompiendo la unidad entre los secesionistas.

Fue exactamente por este motivo que en sus últimos comentarios desde Bélgica-donde huyó en octubre pasado evadiendo una investigación en España por rebelión y sedición tras la declaración unilateral de independencia- Puigdemont llamó a superar “juntos” las dificultades. El líder del partido Juntos por Cataluña (JxCat) aseguró que él no va a “desfallecer”, por más “represión” ejercida por el gobierno de Mariano Rajoy.

El hecho de que Madrid haya cerrado las puertas al regreso del expresident y rechazado su investidura telemática, sí que ha obstaculizado el rumbo hacia la independencia, no obstante, lo que aleja cada vez más a Puigdemont de la investidura es una brecha que se está abriendo en las filas de los secesionistas.

La primera señal fue la queja del JxCat a la decisión del presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent, de aplazar el pasado martes el pleno de investidura. En palabras de Elsa Artadi, portavoz de la formación política, “no compartimos que se tenga que aplazar más allá de hoy el pleno del Parlamento”.

El segundo golpe a la unidad de los independentistas se produjo cuando la asociación política Òmnium Cultural, de ideología separatista, pidió “generosidad” del JxCat para “garantizar tan pronto como sea posible la formación del Govern y la restitución de las instituciones catalanas”; y el tercero cuando el partido Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) adoptó la misma postura proponiendo al grupo parlamentario de Puigdemont que presente a un candidato alternativo y así propiciar el levantamiento del artículo 155 de la Constitución, que posibilitó la intervención del gobierno central en Cataluña.

Así que, mientras el JxCat ve indispensable la candidatura de Puigdemont, sea cual sea la reacción de Madrid, y la formación izquierdista CUP aboga por una desobediencia civil, el ERC busca evitar la escalada de la tensión con Rajoy, quien pidió “que se nombre una persona que vea las cosas de otra manera y, sobre todo, que diga: ‘Soy un gobernante y por eso voy a cumplir la ley, porque es mi obligación y es lo propio de países democráticos'”.

Las circunstancias han beneficiado al conservador. Rajoy aprovecha los obstáculos jurídicos que enfrenta Puigdemont para frenar el independentismo. Ante un grupo fragmentado de independentistas, parece muy posible la celebración de nuevas elecciones, lo que complicaría aún más el rompecabezas del secesionismo.

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