Traje negro, peluca azabache, gafas y una bufanda amarilla como accesorio opcional. Es lo único que hace falta para confeccionarse de manera casera y barata el que ha sido el disfraz de carnavales de este año. Carles Puigdemont ya fue el protagonista del Halloween pasado y ahora ha vuelto a serlo y no solo a modo de disfraz.

Traje negro, peluca azabache, gafas y una bufanda amarilla como accesorio opcional. Es lo único que hace falta para confeccionarse de manera casera y barata el que ha sido el disfraz de carnavales de este año. Carles Puigdemont ya fue el protagonista del Halloween pasado y ahora ha vuelto a serlo y no solo a modo de disfraz.

De acuerdo con la agencia de noticias El Confidencial, memes, caretas o incluso tatuajes con el rostro del ‘expresidente’ se van multiplicando más allá de las fronteras de Cataluña. Por eso, el hombre abulense que saluda sonriente a cámara y que ha elegido al político catalán como su disfraz es solo una muestra de la mitomanía que se ha expandido alrededor de la figura de Puigdemont.

Traje negro, peluca azabache, gafas y una bufanda amarilla como accesorio opcional. Es lo único que hace falta para confeccionarse de manera casera y barata el que ha sido el disfraz de carnavales de este año. Carles Puigdemont ya fue el protagonista del Halloween pasado y ahora ha vuelto a serlo y no solo a modo de disfraz.

“Cada día llevo en el coche conmigo a nuestro ‘presidente’ Puigdemont”, escribía en un tuit el cofundador del Cercle Català de Negocis, Joan Canadell. En la imagen que compartía podía verse una careta de Puigdemont cuyas gomas elásticas la sujetaban al reposacabezas del asiento del copiloto. Canadell lleva a su particular Wilson desde la última concentración en el Parlament de Cataluña de apoyo a Puigdemont.

“Pensé, ¿qué hago con la careta? Pues la pongo de copiloto”, cuenta a El Confidencial. “Es una forma de solidarizarme con él. Para mí Puigdemont es una persona que representa la República y es el que ha puesto en jaque al Estado”. Esta era la función inicial de las caretas de Puigdemont: ser la imagen de apoyo al ‘expresidente’.

Si bien en los últimos meses se han podido ver riadas de gente portando varias caretas animados por la ANC, esta idealización de Puigdemont ha atravesado su dimensión política y el de Bruselas se ha convertido en el personaje de moda más allá de la independencia de Cataluña. La gente saca de sus bolsas las pelucas destinadas originalmente a un disfraz de Beatle para pasearse triunfante con un look calcado al del ‘expresidente’ y las máscaras con su rostro ya pueden encontrarse en algunas tiendas de disfraces o en los “Kit Puigdemont” de Amazon.

Lo que para unos era la constitución de un mito catalán, para otros se ha convertido en un icono pop que tiene más de diversión que de connotaciones políticas. “Mientras para algunos es algo icónico positivo, para otros muchos influye lo ‘kitsch’ y lo ridículo. Mucha gente ve a Puigdemont como algo muy grotesco”, comenta el periodista y escritor Jordi Corominas. Coincide el también periodista Guillem Martínez, que explica que Puigdemont, como la cultura pop, “tiene tantos significados como gente, puede ser divertido o trascendente”.

No solo se hacen juegos de palabras con su apellido. Alguno incluso se ha tatuado su cara ​en la nalga derecha con un estilo perfectamente realista. Alguien, divertido, preguntaba en Twitter cuándo compraría Netflix los derechos de la historia del ‘procés’ y los memes sobre cómo podría colarse Puigdemont en el Parlament sin ser detenido en el intento hicieron las delicias de los internautas hace unas semanas. Puigdemont ya es un icono de la cultura popular, una figura que ha traspasado la política y que ya cuenta con su propio ‘merchandising’, más allá del clásico ‘caganer’.

Entre la fascinación y lo grotesco

¿Pero por qué esta fascinación por Puigdemont? ¿Cómo ha llegado a convertirse un político catalán en un icono pop? Jordi Corominas no duda: lo tiene todo. “Es un personaje muy reconocible, con el peinado, la cara o el traje negro. También influye el apellido porque de normal hace gracia. La gente lo llama Puigdemort, Puchinball, Puchi…. se han hecho muchas bromas, sí, es un icono pop”, afirma sin titubear.

Puigdemont, en su faceta poliédrica, con lo que hace, con lo que dice y englobado por un contexto casi surrealista, genera sus propios memes. Así lo ve Corominas, que ríe recordando alguno que representaba a Puigdemont como James Bond. “Mientras Junqueras está en la cárcel, Puigdemont se fue a Bruselas en coche desde Marsella como si fuera 007 y ahora vive en una casa de 4.000 euros al mes”, resume. “Es esa cosa del loco de la colina que vive en una realidad paralela lo que nos fascina”.

Hablar de él con normalidad y humor nos ha ayudado a desdramatizar toda esta situación

Coreh López es el tatuador que plasmó la cara de un Puigdemont en blanco y negro en el trasero de un atrevido joven catalán. “No deja de ser el resultado de otro sentimiento, surge la necesidad de introducir un poco de humor”, explicaba en El Periódico. “Al final los tatuajes son un reflejo de nuestra historia, personal y colectiva, y Puigdemont está ya en el imaginario colectivo”. Por eso, el fenómeno que estamos experimentando con Puigdemont no ha sucedido con Artur Mas ni con Jordi Pujol, ni siquiera con un bailarín Rajoy moviéndose al compás de ‘Mi gran noche’. “Es por cómo es y por lo que hace”, opina Corominas. “De Rajoy, por ejemplo, lo distinguen sus frases y su comportamiento, que muchas veces no se considera lógico”, comenta haciendo referencia a que Puigdemont sigue autodenominándose presidente de Cataluña.

Memes de Puigdemont como terapia

Que Puigdemont se haya convertido en un icono pop y que una peluca a lo Paul McCartney sea en 2018 el disfraz más cotizado nos sirve para algo más que para echarnos unas risas. “El humor lo convierte en carne de meme”, dice Corominas. “Puigdemont está en Bruselas exiliado mientras hay políticos en la cárcel. Hablar de él con normalidad y humor nos ha ayudado a desdramatizar toda esta situación”.

El periodista insiste: haber convertido en esto a Puigdemont nos sirve de terapia. Una terapia que no se queda en territorio español. En Bélgica, el nuevo hogar de Puigdemont, también han visto con sorna la incursión del catalán en su país: el ya codiciado disfraz ‘puigdemontesco’ ha pisado el carnaval del municipio flamenco Alost en una parodia de las muchas ruedas de prensa que el ‘expresidente’ ha dado tras su llegada a Bruselas.

Puigdemont ya no es tanto el político catalán que quería romper España. Ahora es ese señor del pelo gracioso al que no te importaría llevar de cañas un día. Corominas lo confiesa entre risas. “El problema de que sea un icono pop es que te lo meten hasta en la sopa. No puedes escapar de Puigdemont”, ríe el periodista. “Hablar de Puigdemont es el nuevo hablar del tiempo”. Sin embargo, esto no significa que el humor pueda cambiar la percepción que la política nos ha dado de Puigdemont. “Lo que pasa en la política es autónomo de lo que pasa en la realidad”, explica Martínez. “No es que le tengamos más cariño, es que nos parece más inofensivo”, añade Corominas.

Pero los memes no son eternos, su gracia se apaga y su virilidad termina muriendo. Puigdemont ha aguantado como estrella indiscutible del disfraz un Halloween y un carnaval pero su reinado terminará “cuando hagan a alguien presidente”, según opina Corominas de Puigdemont como fenómeno pop. “Poco a poco se irá desvaneciendo, al menos fuera de Cataluña”, comenta. “Seguramente seguirá gritando, pero ya nadie le hará caso”.

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