En 1997, cuando Benjamin Netanyahu estaba en el poder como primer ministro de Israel, un escándalo de corrupción tambaleó a su administración. En el expediente policial de 995 páginas, se acusaba a Bibi de fraude y abuso de confianza. Sin embargo, el entonces fiscal general israelí Edna Arbel cerró el caso alegando “falta de sólidas pruebas”.

En 1997, cuando Benjamin Netanyahu estaba en el poder como primer ministro de Israel, un escándalo de corrupción tambaleó a su administración. En el expediente policial de 995 páginas, se acusaba a Bibi de fraude y abuso de confianza. Sin embargo, el entonces fiscal general israelí Edna Arbel cerró el caso alegando “falta de sólidas pruebas”.

Ahora, la historia se está repitiendo. La policía israelí aconseja a la Fiscalía que impute a Netanyahu, que comenzó en 2009 otro periodo de su liderazgo al frente del gobierno israelí.  Tras dos años de investigaciones, la policía asegura que existen suficientes pruebas para inculparle al premier por corrupción, fraude y abuso de confianza en dos casos.

En el primero, llamado como “Caso 1000”, Netanyahu es acusado de haber recibido- junto a su esposa Sara- regalos como puros, alcohol y joyas por un valor de decenas de miles de dólares del productor de Hollywood Arnon Milchan y del empresario australiano y ex pareja de Mariah CareyJames Packer. Una filtración publicada hace meses puso de relieve que “la compra del champán no se hacía a instancias de Milchan o Packer sino de los Netanyahu. Sara pedía botellas, seis o doce botellas de champán. Bibi pedía puros y conocía las cantidades de champán que su mujer recibía”. Bibi argumenta que recibir regalos de amigo es legal, pero lo que ha atraído la atención de la Policía es las concesiones otorgadas a cambio de esos regalos, como las rebajas fiscales.

Y en el segundo, conocido como “Caso 2000”, la policía pide inculpar a Netanyahu por los encuentros que él mantuvo con el propietario del diario “Yediot Aharonot” para recibir una cobertura favorable a sus intereses.

Tan solo dos días después de que este terremoto político sacudiera el gabinete de Netanyahu, el primer ministro se metió en otro lío, cuando la Policía detuvo a dos hombres cercanos a él. Son dos de sus antiguos asesores: Shaul Elovitch, el mayor accionista del gigante de las telecomunicaciones Bezeq y también dueño de la web de noticias Walla, quien está acusado de exigir a sus subordinados una cobertura favorable a Netanyahu a cambio de beneficios para la empresa de telefonía. Así, la Policía estrechó aún más el cerco a Bibi. El otro es Shlomo Filber, ex director general del Ministerio de Comunicaciones. Filber fue arrestado bajo la acusación de permitir a Bezeq la compra ilícita de acciones de una compañía proveedora de contenidos por satélite.

El actual fiscal general israelí, Avijai Mandelblit, anunciará en los próximos meses si lleva ante la justicia a Netanyahu por los casos “1000” y “2000”.

La Constitución no obligará a Netanyahu a renunciar a su cargo por el anuncio de la Policía, pero esos escándalos sí que podrían tener gran coste político para el primer ministro, tanto en la opinión pública, como en la escena política. La indignación en la sociedad ya ha aparecido en las calles. Desde hace 10 semanas, miles de israelíes se han manifestado cada sábado para reclamar la renuncia de Bibi en el marco de la llamada “Marcha de la Vergüenza”.

En 1997, cuando Benjamin Netanyahu estaba en el poder como primer ministro de Israel, un escándalo de corrupción tambaleó a su administración. En el expediente policial de 995 páginas, se acusaba a Bibi de fraude y abuso de confianza. Sin embargo, el entonces fiscal general israelí Edna Arbel cerró el caso alegando “falta de sólidas pruebas”.

De igual modo, desde el Parlamento la oposición alzó la voz contra Netanyahu. La diputada Merav Michaeli denunció que “la razón por la cual nosotros, en la oposición, creemos que Netanyahu debería dimitir no es solo por las acusaciones en su contra, sino por la forma en que atacó todo lo establecido por la democracia, en un intento para limpiar su imagen en los casos de corrupción”.

Aferrado al poder, Netanyahu hizo los mismos comentarios que había hecho en 1997; ¡que no iba a renunciar y que pretendía seguir sirviendo a los israelíes! “Continuaré liderando Israel responsable y fielmente mientras ustedes, los ciudadanos de Israel, me elijan para dirigirlo. Estoy seguro de que la verdad saldrá a la luz, y estoy seguro de que en las próximas elecciones ganaré su confianza”, precisó. En los recientes días, el premier ha repetido sin cansancio esta frase: “No pasará nada porque no pasó nada”.

Bibi ha esquivado una vez la justicia y va a repetirlo bajo la esperanza de que el fiscal general desestime las acusaciones en su contra. Asimismo, todavía cuenta con el apoyo de la coalición del gobierno, que está compuesta por 6 formaciones políticas, a saber: conservadores, ultraortodoxos y nacionalistas.

Sin embargo, no se puede descartar la posibilidad del fin de la vida política de Bibi. Su antecesor Ehud Olmert renunció hace una década bajo las presiones dentro y fuera del Ejecutivo luego de que fuera acusado de recibir un soborno de 14000 euros.

En 1997, cuando Benjamin Netanyahu estaba en el poder como primer ministro de Israel, un escándalo de corrupción tambaleó a su administración. En el expediente policial de 995 páginas, se acusaba a Bibi de fraude y abuso de confianza. Sin embargo, el entonces fiscal general israelí Edna Arbel cerró el caso alegando “falta de sólidas pruebas”.

Y lo que sorprende mucho es que en 2008, cuando Olmert estaba bajo investigación, Netanyahu, como líder de la oposición en aquel entonces, le dijo estas palabras:

“Debo decir que hay razones para temer que un primer ministro que está hasta el cuello bajo investigaciones no tiene mandato moral y público para determinar cosas claves para el destino de Israel”.

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