Ante una amenaza terrorista, los servicios de seguridad e inteligencia hacen todo lo que está en su mano para responder de manera eficaz. El Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB) no es una excepción.

Ante una amenaza terrorista, los servicios de seguridad e inteligencia hacen todo lo que está en su mano para responder de manera eficaz. El Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB) no es una excepción.

En este texto, Sputnik habló con un teniente coronel sobre cómo se las ingenia el servicio para neutralizar a los terroristas en Rusia.

“En los últimos años, el FSB ha mejorado en su forma de trabajar y de atajar el problema que representa la actividad terrorista”, señala a Sputnik un antiguo jefe del departamento antiterrorista de la institución, Alexandr Gusak.

Los datos avalan sus palabras. En 2017 se lograron frustrar en Rusia más de 60 atentados terroristas, una cifra que ya reveló en diciembre el presidente ruso, Vladímir Putin, y que vino a confirmar las palabras del vicedirector del Comité Nacional Antiterrorista, Alexéi Kovalev, que a mediados de año había dicho que el número de atentados era ahora 10 veces inferior.

Unas cifras positivas que se deben a la red de agentes heredada del antiguo KGB y que representan, en la actualidad, el orgullo de los servicios especiales. Logran infiltrarse en los grupos terroristas “y gracias a ello se han conseguido frustrar, en Moscú, decenas de atentados, mientras todavía estaban en fase de gestación”, revela a Sputnik.

El número de atentados en Rusia contrasta ahora, sobre todo, con el de la década del 2000, cuando muchos se llevaron la vida de cientos de personas, prosigue Gusak, quien achaca las cifras de entonces a la turbulenta situación en Chechenia.

“La inmensa mayoría de quienes organizaron y ejecutaron [los atentados] profesaban alguna forma radical (y no real) del Islam y procedían de Chechenia”, dice Gusak.

El éxito del FSB en la lucha contra el terrorismo se debe, también, a las nuevas técnicas que ha adoptado la organización, a la manera de hacer su trabajo. Si en la década de 1990 se intentaba eliminar físicamente a los terroristas, prosigue Gusak, ahora se trata de frustrar las ocasiones en las que puedan actuar. “Corta una cabeza y crecerán dos más”, argumenta.

“Cuando tuvo lugar el terrible atentado en Volgogrado, pregunté a los demás que por qué no teníamos a ninguno de los nuestros dentro de las Viudas Negras, la organización que organizó la explosión entonces”, recuerda. Y revela que en la organización trabaja, ahora, toda una red de agentes infiltrados y que “da buenos resultados”.

“Trabajan de tal forma que los terroristas, ya en las primerísimas etapas en las que empiezan a planear el atentado, se nieguen a llevarlo a cabo… la persona infiltrada no lo está durante un día o una semana, sino que son meses (…) y es desde dentro desde donde acaba desarticulando un grupo potencialmente peligroso”, revela a Sputnik.

Los avances tecnológicos también han tenido mucho que ver. Facilita enormemente el trabajo de los servicios especiales, que cuentan ahora con extensas bases de datos repletas de sospechosos. Sin embargo, asegura que ningún avance se puede comparar con la valentía y el coraje humanos que muestran sus agentes.

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