Días antes de que la guerra en Siria entre a su octavo año, la ONG Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), con sede en el Reino Unido y que cuenta con colaboradores en todo el país árabe, dio a conocer el recuento que ha hecho de los muertos: Son más de 511.000. De ellos más de 106.000 son civiles. El mayor número de bajas pertenece a las filas del Ejército sirio y sus aliados con casi 35% del total identificado.

Días antes de que la guerra en Siria entre a su octavo año, la ONG Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), con sede en el Reino Unido y que cuenta con colaboradores en todo el país árabe, dio a conocer el recuento que ha hecho de los muertos: Son más de 511.000. De ellos más de 106.000 son civiles. El mayor número de bajas pertenece a las filas del Ejército sirio y sus aliados con casi 35% del total identificado.

Son números impactantes, pero lo más impactante es que 7 años después de una guerra devastadora que se extendió a Irak, hoy en día, Siria parece muy lejos de la paz y la seguridad por la ya demasiada complicada situación que está viviendo.

La crisis siria comenzó en 2011 cuando la ola del fenómeno conocido como la Primavera Árabe sacudió el Oriente Medio. Bajo la influencia de los acontecimientos en los países como Túnez y Egipto, los sirios realizaron manifestaciones antigubernamentales. Todo el mundo estaba siguiendo de cerca la situación. Desde el primer momento de las protestas, el Occidente dio bienvenida a lo que llamaba una “revolución” en Siria y consideró a los opositores armados que operaban en este país como “rebeldes”. Una lista larga de los enemigos del gobierno del presidente Bashar al-Asad esperaban su inminente derrocamiento, mientras el Ejército estaba perdiendo cada vez más territorio. No obstante, con la intervención de Rusia e Irán, cambió el escenario.

Según los datos del OSDH, las tropas sirias ahora tienen bajo su control más de 57% del territorio sirio, mientras que las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), lideradas por kurdos y apoyadas por Estados Unidos y diferentes grupos “rebeldes” poseen el 26,8 % y el 12,7 % del terreno, respectivamente. Por su parte, el Ejército turco, que el pasado febrero puso en marcha una operación en la ciudad de Afrin, ya tiene bajo el control casi 2% del territorio sirio y el grupo terrorista ISIS (Daesh, en árabe) todavía tiene en sus manos el control de una parte marginal del resto del país.

¿A quién benefició la guerra prolongada en Siria?

Después de 7 años del conflicto armado, Siria quedó en ruinas. Los acontecimientos en este país beneficiaron absolutamente a Israel, que nunca ha ocultado su satisfacción por el derramamiento de sangre en Siria. Israel siempre ha expresado su apoyo a los grupos armados en Siria y amén de realizar varios ataques contra las posiciones del Ejército sirio, ha trasladado en varias ocasiones a los “rebeldes” heridos a sus hospitales para ofrecerles tratamientos médicos, tal y como han revelado los medios israelíes como Haaretz.

Israel tiene dos razones principales para agotar todos los recursos a su alcance para evitar que Siria vuelva a la normalidad. La primera es que el caos en Siria ha desviado la atención de la comunidad internacional sobre otros acontecimientos en la región, como la ocupación israelí de los territorios palestinos y las violaciones de los derechos de los palestinos. La segunda razón, sin embargo, es más importante: Siria es un antiguo enemigo de Israel y comparte fronteras con los territorios ocupados palestinos. Asimismo, las autoridades israelíes siempre estaban preocupadas por la alianza entre el gobierno sirio y el movimiento Hezbolá de El Líbano, otro país que comparte fronteras con Israel.

Una falsa “revolución” que se convirtió en caos

Apenas comenzada esta “revolución”, los “rebeldes” libraron una guerra armada contra el gobierno sirio. La actual situación en Siria se explica en este contexto. En ninguno de los países afectados por la Primavera Árabe, se desató una guerra, pero en Siria se creó inmediatamente un grupo armado llamado el Ejército Libre Sirio (ELS). Ahora, de esta célula solo ha quedado su nombre. Los propios países occidentales confiesan que la mayoría de los miembros del ELS se unieron a ISIS y a otros grupos extremistas. Actualmente, hay un montón de pequeños grupos armados “rebeldes” en Siria apoyados por Estados Unidos y sus aliados.

E julio de 2016, los “rebeldes” del grupo Nuredin al-Zinki, que contaba con el respaldo de Estados Unidos y había recibido armas de este país, decapitó a un niño de 12 años en Alepo.

Y el pasado enero, los combatientes del ELS, que luchan junto a las tropas turcas contra los kurdos en la ciudad siria de Afrin, mutilaron a una combatiente kurda y publicaron, como el caso del niño decapitado, las imágenes de su crimen, que provocó la ira de todo el mundo.

Todo indica que la verdadera intención de aquellos que respaldaron la llamada “revolución” en Siria, era apoyar caos en un país enemigo para que Israel pueda tomarse un respiro.

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