“Dejemos el G7 como está ahora. El siete es un número de la suerte, al menos en nuestra cultura”, así lo señaló el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, poco antes del comienzo de la 44 Cumbre del G7, compuesto por los siete países más industrializados del mundo, en Canadá.

“Dejemos el G7 como está ahora. El siete es un número de la suerte, al menos en nuestra cultura”, así lo señaló el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, poco antes del comienzo de la 44 Cumbre del G7, compuesto por los siete países más industrializados del mundo, en Canadá.

Tusk hizo esos comentarios en respuesta a la propuesta del presidente estadounidense, Donald Trump, y del primer ministro italiano, Giuseppe Conte, de readmitir a Rusia en el G7. Moscú fue expulsado del entonces G8 por la anexión de la península ucraniana de Crimea en 2014.

Aunque el siete sea el número de la suerte, las divergencias podrían reducir aún más el número de los integrantes del bloque.

Divisiones internas

Durante las 43 cumbres que el G7 había celebrado antes, el reto principal que enfrentaba era las protestas –que a veces se tornaban violentas- contra el capitalismo y las políticas del bloque. No obstante, este año los integrantes del G7 han encontrado el desafío más grande dentro de su propio grupo: Trump.

Rusia no es el único tema de desacuerdo entre los miembros del G7. “Es evidente que el presidente estadounidense y el resto del grupo siguen manteniendo diferencias sobre comercio, cambio climático y el acuerdo nuclear con Irán”.

Sin duda, la gota que colmó el vaso de la paciencia de los aliados de Trump ha sido la imposición de aranceles al acero y al aluminio importados de países europeos.

Guerra verbal

La cumbre duró dos días, el viernes y el sábado. Trump, que había llegado tarde, abandonó Canadá cinco horas antes del cierre oficial del evento. Desde el avión presidencial que se estaba dirigiendo hacia Singapur, Trump retiró su apoyo al comunicado final, conseguido después de difíciles diálogos.

“Sobre la base de las falsas declaraciones de Justin (Trudeau, primer ministro canadiense) en su rueda de prensa, y el hecho de que Canadá está gravando con aranceles masivos a nuestros ganaderos, trabajadores y empresas, he instruido a nuestros representantes para que no apoyen el comunicado mientras miramos los aranceles sobre los automóviles que entran en el mercado estadounidense”, dijo Trump a través de la red social Twitter.

Al término de la cumbre, cuando Trudeau advirtió a Trump que su país no tendrá “ninguna duda” en tomar represalias comerciales contra Estados Unidos por la decisión de Washington de imponer aranceles a las exportaciones canadienses de acero y aluminio, el inquilino de la Casa Blanca endureció su tono hacia Ottawa.

“El primer ministro de Canadá, Trudeau, actuó de manera tan blanda y sumisa durante nuestro encuentro del G7 y después, cuando ya me había ido, dio una rueda de prensa para decir, que «los aranceles de Estados Unidos son un tanto insultantes» y que «no dejará que le mangoneen». ¡Qué deshonesto y débil!”, tuiteó Trump.

Trudeau no fue el único que censuró a Trump y que fue el objeto de fuertes críticas del mandatario. El presidente francés, Emmanuel Macron, le advirtió al magnate que nadie vive para siempre y que el mercado de los seis países restantes superaba al de Estados Unidos.

La amplia tensión entre Macron y Trump se simbolizó en una imagen que muestra la huella blanca del pulgar del presidente francés en la mano enrojecida de su par estadounidense tras un fuerte apretón de manos.

“Dejemos el G7 como está ahora. El siete es un número de la suerte, al menos en nuestra cultura”, así lo señaló el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, poco antes del comienzo de la 44 Cumbre del G7, compuesto por los siete países más industrializados del mundo, en Canadá.

Quizá sea muy difícil, pero Europa ya debe darse cuenta de la seriedad de Trump para continuar una guerra comercial. De hecho, su administración ha abierto tres frentes comerciales a un tiempo: uno con China, otro con Europa y el del Tratado de Libre Comercio de América del Norte con Canadá y México.

Con un talante volcánico e imprevisible, Trump podría acabar con cualquier tratado de un plumazo y lo ha hecho anteriormente al sacar a su país del acuerdo nuclear con Irán y del acuerdo de París sobre el cambio climático.

Todas estas circunstancias dejan un gran interrogante: ¿Le ha tocado al G7 convertirse en nueva víctima del unilateralismo de Trump?

 

 

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