En las últimas dos semanas, el Parlamento israelí dio luz verde a leyes que para muchos significan clavos en el ataúd de la “democracia” en Israel, que se jacta de ser el modelo ejemplar de la misma en Oriente Medio.

En las últimas dos semanas, el Parlamento israelí dio luz verde a leyes que para muchos significan clavos en el ataúd de la “democracia” en Israel, que se jacta de ser el modelo ejemplar de la misma en Oriente Medio.

La más polémica, sin duda, fue la ley de “Estado nación judío”, aprobada con 62 votos a favor, 55 en contra y dos abstenciones. Se trata de la última de las 12 leyes fundamentales con rango constitucional en 70 años de historia de Israel, que carece de una Carta Magna y solamente cuenta con un conjunto de leyes básicas.

¿Qué quiere decir la ley?

La ley tiene 11 puntos. Algunos están relacionados con el nombre, bandera, símbolo o himno de Israel, cuestiones que no son de suma importancia. Los más polémicos son los que protegen el carácter judío de Israel, al que esta ley denomina “hogar nacional” del pueblo judío, los que reservan el derecho exclusivo a la autodeterminación a este colectivo, los que establecen el hebreo como única lengua oficial y los que hacen hincapié en la necesidad de ampliar los asentamientos, que según la comunidad internacional y las leyes internacionales son “ilegales”.

“(…) busca asegurar el carácter de Israel como el Estado nacional de los judíos con el fin de codificar en una ley básica los valores de Israel como un estado democrático judío en el espíritu de los principios de su Declaración de Independencia (…) El derecho a ejercer la autodeterminación nacional en el Estado de Israel es exclusivo del pueblo judío (…) El Estado considera el desarrollo de asentamientos judíos como un valor nacional y actuará para estimular y promover su establecimiento y su consolidación (…) La capital de Israel es Jerusalén completa y unida”, reza la ley.

Lluvia de críticas a Israel

Cada uno de esos puntos basta para funcionar como una chispa en un territorio inflamable. Los firmes rechazos a la iniciativa comenzaron antes de la votación por parte de los políticos israelíes. Antes de su modificación, la versión original de la cláusula 7 de la ley decía: “el Estado puede permitir a una comunidad, incluyendo de una misma religión o identidad nacional, tener su carácter de asentamiento separado”. El objetivo era allanar el camino para la presencia judía en partes donde la mayoría de los residentes son árabes.

La idea provocó la indignación del presidente israelí Reuven Rivlin, los asesores legales del primer ministro, Benjamin Netanyahu, (Avijai Mandelblit) y de la Knésset (Eyal Yinon), varios ministros y la oposición- y externa (el embajador de la Unión Europea, Emanuele Giaufret, algunos líderes judíos norteamericanos y etc.).

El nuevo proyecto de ley tampoco recibió un amplio apoyo en la comisión parlamentaria encargada de preparar el borrador para su aprobación definitiva y fue aprobado por la mínima, ocho votos a favor y siete en contra.

Algunos de políticos israelíes que arremetieron contra la ley creen que Netanyahu busca, a través de medidas nacionalistas, recoger votos de cara a las elecciones parlamentarias del próximo noviembre.

La líder de la opositora Unión Sionista, Tzipi Livni, denunció que el objetivo de la nueva ley no es definir a Israel como un estado judío sino beneficiar a Netayahu.

“Cuando pregunté a los legisladores de la coalición (oficialista) por qué no presentaban una versión de la ley a la que otros cien parlamentarios podrían unirse, ellos me sonrieron y dijeron que Netanyahu quiere la ley para generar conflictos. ‘De otra forma, ¿cómo sabrá la gente que él es más nacionalista que tú’?”, sostuvo.

Para el líder de la oposición en el parlamento, Isaac Herzog, “la pregunta es si esta ley dañará o beneficiará a Israel. La historia lo dirá. Realmente espero que no resulte dañado el delicado equilibrio entre un estado judío y democrático.

Los palestinos y árabes israelíes, sin embargo, consideran la ley algo más que polémica, dicen que es un señala de la “muerte de la democracia”.

Justo después de la votación, los diputados de la Lista Conjunta Árabe abandonaron el plenario al grito de “apartheid”. El árabe israelí Ayman Odeh enarboló una bandera negra para simbolizar “la muerte” de la democracia israelí.

El diputado Ahmed Tibi tiene la misma opinión: “Con conmoción y tristeza anuncio la muerte de la democracia (…) Es un crimen de odio contra las minorías y contra la democracia. Que se considere un valor nacional que los judíos se establezcan en esta tierra significa que seguirán demoliendo casas árabes y que no desarrollarán nuestras infraestructuras”.

Nabil Shaat, asesor en política exterior del presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, indicó que “el mundo puede ver ahora a Israel como es en realidad, no como una democracia, sino como un sistema de apartheid, primero implantado de facto y ahora de iure”.

Otras leyes contra los palestinos

La ley de “Estado nación judío” ensombreció a otras dos legislaciones anti-palestinos. Justo dos días anteriores, el Parlamento israelí había aprobado una ley que quitó competencias al Tribunal Supremo para que reciba los procedimientos legales de los palestinos que litigan, normalmente, contra los colonos judíos por la posesión de la tierra en Cisjordania. A partir de ahora, la Corte de Jerusalén será encargada de abordar tales asuntos. Algunos analistas ven la decisión como un paso más hacia la anexión de Cisjordania a Israel.

En la misma jornada, el Parlamento dio luz verde a la prohibición de la entrada de las ONG antiocupación entrar a los centros educativos. Según la ONG israelí Breaking the silence, se trata de “la mayor restricción sobre la libertad de expresión basada en temas políticos que ha existido ‘jamás en la ley israelí”.

¿Por qué ahora?

No es por casualidad. Desde la llegada de Donlad Trump al poder en Estados Unidos, Israel ha ampliado sus actividades de asentamientos, ha intensificado sus atrocidades contra los palestinos (unos 150 palestinos han muerto a manos de Israel en la Franja de Gaza desde el pasado 30 de marzo) y ahora está librando una guerra contra los palestinos en el Parlamento. Ningún presidente estadounidense ha apoyado tanto a Israel, trasladando su embajada de Tel Aviv a Jerusalén y guardando silencio ante cualquier violación de derechos humanos por parte de Israel.

Netanyahu está aprovechando la situación en Estados Unidos para hacer lo que quiera, sin enfrentar castigos, ni siquiera reprochas por parte de su padrino.

 

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