La movilización de decenas de miles de drusos y árabes, que inundaron la emblemática plaza de Isaac Rabin de Tel Aviv, escenario de las manifestaciones multitudinarias en Israel, encendió las alarmas para el primer ministro Benjamin Netanyahu.

La movilización de decenas de miles de drusos y árabes, que inundaron la emblemática plaza de Isaac Rabin de Tel Aviv, escenario de las manifestaciones multitudinarias en Israel, encendió las alarmas para el primer ministro Benjamin Netanyahu.

Los manifestantes rechazaban la “discriminatoria” ley del Estado-Nación y reclamaban que la legislación incluya el concepto de igualdad para todos los ciudadanos que no sean judíos. No se trata simplemente de una masiva marcha. La indignación callejera se sumó a otros acontecimientos registrados desde la aprobación de la polémica legislación, el pasado 19 de julio.

“Ciudadanos de segunda clase”

Cuando la polémica ley, apoyada por Netanyahu, recibió la luz verde del Parlamento israelí, los árabes israelíes fueron los primeros en alzar la voz contra la medida, asegurando que Israel busca clasificarlos como ciudadanos de segunda.

Cuando el parlamentario árabe Zuheir Bahlul dimitió en protesta contra la ley denunció que la misma “discrimina contra los árabes”, una opinión compartida por otros árabes israelíes, que representan 17,5% de la población de Israel y son los descendientes de los palestinos que permanecieron en sus tierras cuando se creó Israel, en 1948.

A lo mejor Israel estaba preparado para una fuerte reacción de los árabes israelíes, pero las alarmas sonaron cuando los drusos se sumaron a ellos. Antes de la manifestación multitudinaria en Tel Aviv, la dimisión de dos militares drusos (a diferencia de los musulmanes y los cristianos, los drusos sirven en el Ejército israelí) preocupó a Israel.

Uno de ellos, de alto rango, publicó una carta abierta dirigida a Netanyahu en su página de Facebook en la que anunció su decisión de dejar de servir en el ejército e instó a los líderes drusos a trabajar para poner fin al servicio obligatorio de miembros de su comunidad.

“¿Seguir sirviendo a Israel? No quiero hacerlo, y estoy seguro de que cientos de personas dejarán de servir y renunciarán al ejército tras su decisión, Netanyahu, la de usted y de su gobierno”, denunció el comandante druso Amir Jmall.

Otras cien fuerzas drusas expresaron su ira contra la ley en una carta a Netanyahu. La rebelión generó mucha preocupación entre las autoridades israelíes, de tal modo que el máximo responsable del ejército, el teniente general Gadi Eizencot, elogió la contribución de “nuestros hermanos drusos, beduinos y otras minorías” y luego insistió en que “la política debe quedarse fuera de la institución militar”.

No hay que olvidarse que en la heterogénea sociedad israelí, la comunidad drusa es una de las más sionistas. Sin embargo, una buena parte de los 120.000 drusos que viven en Israel ahora se siente ignorada.

Brecha entre aliados

La masiva marcha en Tel Aviv incluía también a miles de judíos del centro y la izquierda que no toleran las políticas ultraderechistas de Netanyahu. Los partidos opositores, encabezados por Avi Gabbay y Tzipi Livni (Campo Sionista) y Yair Lapìd (centrista Yesh Atid) respaldaron las protestas.

Previamente, la líder de la Unión Sionista, Tzipi Livni, había denunciado que el objetivo de la nueva ley no es definir a Israel como un estado judío sino beneficiar a Netayahu.

“Cuando pregunté a los legisladores de la coalición (oficialista) por qué no presentaban una versión de la ley a la que otros cien parlamentarios podrían unirse, ellos me sonrieron y dijeron que Netanyahu quiere la ley para generar conflictos. ‘De otra forma, ¿cómo sabrá la gente que él es más nacionalista que tú’?”, sostuvo.

Y para el líder de la oposición en el parlamento, Isaac Herzog, “la pregunta es si esta ley dañará o beneficiará a Israel. La historia lo dirá. Realmente espero que no resulte dañado el delicado equilibrio entre un estado judío y democrático.

Netanyahu pone todo en riesgo

Pese a crecientes oposiciones, Netanyahu no muestra flexibilidad. Cuando el liderazgo druso se reunió con Netanyahu, el líder del partido Likud dejó claro que el texto quedará intacto.

“La ley sólo reafirma lo que todos saben y algunos (palestinos) ponen en duda y es que el pueblo judío tiene derecho a un hogar nacional. En ningún caso, hace peligrar la democracia de Israel ni los derechos que tienen por igual todos sus ciudadanos”, alegó Bibi.

En tales circunstancias, se prevén más protestas contra una ley discriminatoria que según muchos se interpreta como “la muerte de la democracia”.

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