El socialista Pedro Sánchez está seguro de pasar a la historia por ser el dirigente de la posguerra española que decidió exhumar los restos del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos, el símbolo emblemático del franquismo, olvidado por las nuevas generaciones.

El socialista Pedro Sánchez está seguro de pasar a la historia por ser el dirigente de la posguerra española que decidió exhumar los restos del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos, el símbolo emblemático del franquismo, olvidado por las nuevas generaciones.

Una medida de gran alcance simbólico tanto en el interior como en el extranjero; la prensa internacional ha encontrado un filón informativo que sustituya, de momento, a la crisis independentista en Cataluña.

El gobierno minoritario de Pedro Sánchez tiene poca capacidad de maniobra para acometer las reformas que su programa detalla. Con solo 84 diputados de 350, la supervivencia depende de las formaciones situadas más a su izquierda y de los grupos independentistas, conservadores o de izquierda.

Así, la decisión de trasladar los restos de Franco se convierte en una medida mediática por su carácter simbólico, pues a una mayoría de los españoles el asunto no les inspiraba urgencia de ningún tipo.

Las cuestiones legales para llevar adelante la exhumación se salvan mediante un decreto ley que deberá ser aprobado por el Congreso.

Un asunto que en teoría parecería delicado no deberá tener oposición entre los parlamentarios. Además de la izquierda y los nacionalistas, los centristas de Ciudadanos apoyarían la medida, pues así lo manifestaron en el pasado.

Por su parte, el Partido Popular (PP), que arrastra en sus orígenes haber sido fundado por figuras políticas del franquismo, no podría votar en contra de una decisión que le equipararía a los pocos miles de nostálgicos que se oponen al traslado.

El nuevo presidente del PP, Pablo Casado, cuyo abuelo fue preso político del franquismo, ya ha manifestado que no defenderá ni el edificio “ni el que está dentro”. Hasta ahora, los “populares” habían criticado la iniciativa socialista argumentando que no era la prioridad de la política del país. Pero si se ve fríamente, la salida de los restos de Franco del Valle de los Caídos es una oportunidad para la derecha española de deshacerse de pesos que arrastra desde la Transición.

La Guerra Civil española no puede compararse con los episodios trágicos vividos en la dictadura de otras áreas, como América Latina. Ni por los orígenes del conflicto ni por las consecuencias. Por eso, la Transición de la dictadura a la vida democrática requería un pacto entre vencedores y vencidos, única vía, en ese momento, para recuperar la libertad de manera efectiva. Algo que comprendieron muy bien los comunistas españoles, primera fuerza política de oposición en esa época.

Han pasado ya más de cuatro décadas del inicio de esa Transición; las nuevas generaciones de españoles no viven con el fantasma de la guerra civil en su recuerdo. Los más jóvenes, según demuestran las encuestas, desconocen absolutamente las figuras de Franco y de los políticos que auspiciaron el retorno a la libertad.

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Que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) quiera apuntarse un éxito fácil a falta de votos para cometer otras reformas más necesarias es políticamente entendible. Oponerse por oponerse a la medida no tiene sentido para la oposición conservadora.

El Partido Popular se plantea abstenerse cuando la votación tenga lugar. Políticamente también es comprensible, pero desde la perspectiva de la política “politiquera”, porque votar a favor del traslado de los restos de Franco supondría para el PP un cambio de actitud hacia el futuro, comenzar a enterrar losas del pasado que nada tienen que ver con una formación política actual. ¿Algunos de sus votantes no lo entenderían? Solo por no apoyar una iniciativa de sus rivales políticos; no por nostalgia alguna hacia una dictadura desaparecida hace décadas.

La lluvia de críticas sobre la “urgencia” de exhumar los restos de Franco es comprensible dentro de un debate democrático, pero de la misma manera que el paro no se va a reducir con la iniciativa de Sánchez, dejar las cosas como están tampoco ayudará a crear empleos.

La utilización de símbolos forma parte de la acción política de unos y otros. Los socialistas, acusados por muchos de querer remover heridas pasadas, deberían ir más allá de los símbolos. Franco es mucho menos importante que las miles de personas asesinadas durante la Guerra Civil y cuyos restos permanecen aún enterrados en los caminos de España. La izquierda española no ha sido capaz de destinar el dinero necesario a la búsqueda y el entierro de esos cuerpos, ante la desesperación de los familiares. Esa sí que sería una medida humana, apolítica y sin oposición.

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