Mientras el mundo todavía no ha podido digerir el fenómeno Trump, el ascenso de su gemelo político en Brasil ha sonado las alarmas.

Mientras el mundo todavía no ha podido digerir el fenómeno Trump, el ascenso de su gemelo político en Brasil ha sonado las alarmas.

Carente del apoyo de un partido fuerte, Bolsonaro ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 7 de octubre con el 46% de los votos frente al 29% de su rival izquierdista apoyado por el expresidente Lula da Silva, Fernando Haddad.

Como no obtuvo más de 50% de los sufragios, el ultraderechista dio una oportunidad a sus oponentes para que traten de evitar su llegada al poder en el balotaje que se celebrará el 28 de octubre. Pero lo preocupante es que el diputado de 63 años sigue siendo ampliamente favorito para la segunda, con 59% de los apoyos frente a 41% para Haddad, tal y como nos dicen las recientes encuestas coincidentes de Ibope y Datafolha.

Todas las semejanzas entre Bolsonaro y Trump

Tanto Bolsonaro como Trump recurren a una retórica polémica y agresiva para convencer a los electorados. Ambos hacen comentarios racistas, defienden el proteccionismo, los valores de familias tradicionales y el nacionalismo. Sobre este último, llaman la atención sus lemas de campaña electoral. Trump insistía en “Hacer a Estados Unidos grande nuevamente” y Bolsonaro aboga por un “Brasil por encima de todo”.

Es más, son anti-establishment, atacan a los medios tachándolos de “propagar noticias falsas” y utilizan las redes sociales como su arma favorita para definir sus posturas y a menudo para desacreditar a sus “enemigos”, y es que su táctica ha funcionado bien.

Mientras Trump emplea diariamente Twitter, WhatsApp, de Facebook Inc, ha jugado un papel relevante en la campaña electoral de Bolsonaro, acusado -por su rival y algunos medios brasileños- de haber fomentado campañas generalizadas de desinformación en la aplicación de mensajería. La máxima corte electoral de Brasil abrió una investigación al respecto.

Otra característica en común de Trump y Bolsonaro es que los dos han hecho un montón de comentarios contradictorios durante años.

Respecto con Trump, hay una lista larga, desde su postura sobre la guerra de EE.UU. contra Irak en 2003 –en su momento el magnate defendió la invasión, pero durante su campaña electoral la consideró un gran error- hasta su política exterior. Recordamos que en pocos menos de 3 meses de mandato, el inquilino de la Casa Blanca modificó su postura respecto a Siria, Rusia, China y la OTAN.

Su gemelo político también ha actuado de una manera similar. Mientras Bolsonaro es conocido actualmente un ultraderechista, la historia nos recuerda que el excapitán del Ejército elogió en 1999 al expresidente difunto de Venezuela, el izquierdista Hugo Chávez, comprándolo con el mariscal Humberto Castelo Branco, primer presidente de la dictadura militar (1964-85), régimen que aún defiende.

“Creo que él (Chávez) hará lo que los militares hicieron en Brasil en 1964, con mucho más fuerza (…)Él no es anticomunista y yo tampoco. En verdad, no hay nada más cercano al comunismo que el medio militar”, había indicado en una entrevista.

Sería difícil de imaginarse, pero Bolsonaro ha admirado también al ícono de la izquierda latinoamericana y el mentor político de su actual rival, Lula da Silva, a quien respaldó en tres candidaturas presidenciales, hasta 2002. “Quiero alabar la posición de Lula en la comisión de relaciones exteriores. Informaré a mis veinte mil militares, que tienen internet, la propuesta del presidenciable para que cada uno decida su voto”, dijo en 2002.

El intento inútil de Trump para reavivar la Doctrina Monroe

Un ejemplo a seguir

El propio Bolsonaro no ha ocultado su admiración hacia Trump, a quien calificó en una ocasión de un ejemplo a seguir.

“Trump es un ejemplo para mí. Sé de la distancia que nos separa, pero pretendo aproximarme por el bien de Brasil y de Estados Unidos. Sirve llevar ejemplos de aquí a Brasil”, precisó cuando había viajado a Estados Unidos hace un año.

El auge de la ultraderecha

En los últimos años, los derechistas han llegado al poder en muchos países, a saber, en Estados Unidos, Italia, Hungría, Filipinas, Alemania y Austria. En esos dos últimos, aunque los derechistas no han logrado un dominio político, han conseguido formar parte de coaliciones con otros partidos políticos.

Quizá la comunidad internacional no se sienta muy sorprendida por una posible victoria de Bolsonaro el 28 de octubre, pero sí que habrá preocupaciones por un efecto dominó.

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