¿Beber vinagre? Ni es nuevo ni tan “healthy” como prometen, pero eso a las modas les da igual. La culpa de todo es de Victoria Beckham.

Cuando en los supermercados de Londres veas nuevos productos aparecer, es que por aquí en unos meses estarán al caer. Este improvisado y lamentable refrán explica bastante bien el flujo de modas y tendencias que, también en gastronomía, acechan desde otros países. Y si el tópico se cumple puede que en breve las tiendas y los Stories de Instagram estén llenos de bebidas a base vinagre.

¿Beber vinagre? Ni es nuevo ni tan “healthy” como prometen, pero eso a las modas les da igual. La culpa de todo es de Victoria Beckham. La autora de aquella gran reflexión gastrocultural que decía que España olía a ajo –lo que para ella, por lo visto, era terrible– se ve que una mañana se levantó con sed y sin nada más a mano que un poco de vinagre de manzana.

Victoria Beckham es la culpable de que beber vinagre se haya puesto de moda

Aquel gesto aparentemente inocente y sus consejos de empezar el día con un par de cucharaditas de vinagre para llevar una vida sana hicieron que una legión de seguidores se lanzara de cabeza a probarlo y a defender una interminable lista de propiedades del vinagre.

¿Es sano beber vinagre?

Un momento, ¿estamos hablando de ese mismo vinagre que usamos para aliñar la ensalada? Sí y no. En concreto el protagonista de la historia es el vinagre de sidra de manzana y mucho mejor –siempre según los defensores de esta especie de religión vinajera– si es “crudo” (sin filtrar ni refinar) y mantiene la madre en la botella.

Algo que podemos encontrar en tiendas de productos ecológicos y compañía y cuyo precio, con las correspondientes etiquetas de orgánico, RAW y demás, suele andar entre los 2 y 3 euros el medio litro. Efectivamente, mucho más que el vinagre convencional. Un fermentado, probiótico, popular y asequible… Visto así el vinagre parece tener todos los argumentos para convertirse en uno de esos ingredientes casi mágicos que, añadidos a lo que sea, permite desde ayudar a perder peso a controlar los niveles de azúcar o colesterol, por citar algunos de los efectos que suelen mencionarse.

Nuestra tradicional desconfianza ante el aroma de lo milagroso o de la superfood de turno unido a que Victoria Beckham no es nuestro referente científico favorito nos llevan a trasladar la pregunta a una experta en nutrición y seguridad alimentaria. “Ha habido seis solicitudes a la Comisión Europea para poder hacer alegaciones de propiedades saludables sobre el vinagre de manzana y el vinagre de arroz (capacidades curativas y purificantes, para eliminar compuestos tóxicos del organismo, mejorar la digestión, mantener o mejorar el tránsito intestinal, mantener la salud de la piel y la salud vascular, perder peso…)”, explica Beatriz Robles.

El protagonista de la historia es el vinagre de sidra de manzana sin filtrar ni refinar

¿Resultado? Ninguna ha sido aprobada, con lo que las propiedades beneficiosas de los chupitos de vinagre por ahora se quedan con unas cuantas comillas. Algunas investigaciones apuntan a que el ácido acético podría ayudar a controlar los niveles de glucosa en sangre cuando se consume junto a hidratos de carbono complejos, explica, pero eso no quiere decir que puede conseguirse un control estable de la glucemia en personas diabéticas.

Respecto a la pérdida de peso, se suele citar un experimento de 2009 en Japón en el que un grupo consumió 30 mililitros de vinagre diario para comprobar los efectos sobre los lípidos. Y aunque hubo una ligera pérdida de peso –habría que contextualizar otros factores, como el cambio de alimentación o hábitos: en todos los casos se habla de ácido acético en general, no de vinagre de manzana en particular.

Fuente: La Vanguardia

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