El protagonista de las elecciones autonómicas que se celebraron el domingo en Andalucía, la región más poblada de España, no fue el PSOE, que ganó los comicios, tal y como lo había hecho durante las últimas 4 décadas, sino el ultraderechista Vox.

El protagonista de las elecciones autonómicas que se celebraron el domingo en Andalucía, la región más poblada de España, no fue el PSOE, que ganó los comicios, tal y como lo había hecho durante las últimas 4 décadas, sino el ultraderechista Vox.

La ultraderecha avanza en España

En los comicios del domingo, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que mantenía una hegemonía de 36 años en Andalucía, obtuvo 33 escaños, 14 menos de los de 2015, frente a los 26 del Partido Popular (PP), los 21 de Ciudadanos y los 17 de Adelante Andalucía.

Restando importancia al ganador de las elecciones, el mundo se hizo eco de la entrada, por primera vez, del partido ultraderechista Vox a un parlamento español. La facción política se hizo con 12 escaños.

En declaraciones autocríticas, la secretaria general del PSOE de Andalucía y presidenta en funciones de la Junta, Susana Díaz, lamentó que su agrupación no haya actuado de manera adecuada al explicar sus políticas y la recuperación de derechos.

“No hemos ido a la velocidad que se demandaba, no habremos sido capaces de explicar proyecto y en un contexto de desencanto hacia las instituciones”, agregó.

Díaz anunció que hablará “con el resto de fuerzas para frenar que entre esa extrema derecha que viene a quebrar la convivencia. Una extrema derecha que no respeta la igualdad, ese mínimo marco de convivencia que es el Estatuto, nuestro autogobierno y que nos ganamos el 28F en las urnas y en el marco de la Constitución”.

Lemas de Vox

La supresión del Estado autonómico, la derogación de las leyes de violencia de género y de memoria histórica, la deportación de inmigrantes legales que cometan un delito, la eliminación del acceso gratuito a la sanidad para inmigrantes ilegales y la suspensión del espacio Schengen son algunos de los ideales del partido liderado por Santiago Abascal.

Tanto Absacal como el número uno de Vox Andalucía, Francisco Serrano, han desatado polémicas en España por sus comentarios machistas y xenófobas.

“Desde luego lo que no hay son mujeres liberales que se proclamen putas, brujas y bolleras. Eso está reservado para piojosas d ultraizquierda” y “Contra la violencia tolerancia cero. Siempre? No hombre, no, depende de quién sea el violento. Las feminazis psicópatas de género no cuentan”, son algunos comentarios incendiarios de Serrano.

Vínculos entre Vox y Bannon

En 2016, cuando pocas personas tomaban en serio Vox, el partido copió el lema de la campaña electoral de Donald Trump, que en aquel entonces era candidato presidencial de los republicanos. “Hacer a España grande otra vez” recordaba la frase “Make America Great Again” del magnate.

 

El protagonista de las elecciones autonómicas que se celebraron el domingo en Andalucía, la región más poblada de España, no fue el PSOE, que ganó los comicios, tal y como lo había hecho durante las últimas 4 décadas, sino el ultraderechista Vox.

Hace casi un año después, jefe de la campaña y el ex estratega de Trump, Steve Bannon, que busca extender la ola euroescéptica en todo el viejo continente, comenzó sus contactos con Vox.

“Hace año y medio aproximadamente mostró su interés en ver nuestras perspectivas electorales. Me dijo que estaba pensando en montar un think tank en Europa para coordinar mensajes y que Vox tenía que participar de alguna manera. Nos ofreció su aparato tecnológico para movernos en las redes sociales con los mensajes adecuados, probar ideas y hacer una campaña electoral al estilo americano”, explicó al diario español El País Rafael Bardají, miembro de la ejecutiva de Vox horas después de su encuentro con Bannon.

La punta del iceberg

Los 12 escaños de Vox en el Parlamento andaluz no son lo que preocupa a muchos, sino el auge de la ultraderecha en otro país europeo mientras la comunidad internacional todavía no ha tragado el ascenso de La Liga de Matteo Salvini en Italia, el de la Agrupación Nacional de Marine Le Pen en Francia, el de la Alternativa para Alemania (AfD) y el de otros partidos de extrema derecha en Austria, Hungría y etcétera.

 

A esa lista hay que añadir países latinoamericanos como Brasil, cuyo presidente electo, Jair Bolsonaro, ha sido considerado como gemelo político de Trump y ha admirado explícitamente al inquilino de la Casa Blanca.

Otra cara de la moneda

Hace 4 años, ni siquiera existía un partido llamado Vox a nivel nacional. En pocos años, la formación política pasó de 0 a 12 diputados en el Parlamento andaluz. El punto es que no lo hizo por la fuerza. Más de 400.000 andaluces, de los 6,5 millones convocados a las urnas, votaron por Vox.

Sí que las elecciones mostraron la reacción indignante de parte de los españoles al desempeño deficiente de las autoridades. Hay que tener en cuenta que Andalucía sufre una de las tasas más altas de desempleo del país, mientras cada semana llegan a sus costas una gran cantidad de inmigrantes que cruzan el Mediterráneo con la esperanza de llegar a Europa.

En la última década, el ascenso de los partidos como Podemos en España y ahora Vox en la segunda comunidad autónoma más grande del país indican el descontento de los ciudadanos ante la gestión de los partidos tradicionales PSOE y el PP. Recordamos que el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy fue destituido hace meses por corrupción.

El tema territorial, sin duda, ha jugado también un papel muy relevante en la inclinación de los votos hacia ultraderecha. Madrid no ha podido actuar con fuerza y resolver la crisis que ha provocado el independentismo catalán. Por el contrario, Vox propone una política de mano dura contra el secesionismo, lo que podría animar a muchos españoles que defienden la unidad.

Todavía hay que esperar para ver si el triunfo de Vox en Andalucía abrirá la puerta al parlamento nacional para el partido, pero lo cierto es que el panorama político está cambiando en una España que durante décadas estaba bajo el control del PP y PSOE.

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