El Gobierno de Francia recurrirá al uso de armas químicas como “último recurso” para sofocar las protestas de los “chalecos amarillos”.

El Gobierno de Francia recurrirá al uso de armas químicas como “último recurso” para sofocar las protestas de los “chalecos amarillos”.

Las fuerzas de seguridad francesas están listas para asfixiar con un arma química la movilización de los chalecos amarillos en París, capital del país, a fin de mantener a los manifestantes lejos de los edificios de importancia crítica, ha publicado este lunes el diario británico “The Daily Mail“.

De acuerdo con información de la revista francesa Marianne, el arma en cuestión sería un polvo químico debilitante que esparcirían pistolas instaladas en las torretas de vehículos policiales y que se puede propagar en solo diez segundos en 40 hectáreas, área equivalente a seis campos de fútbol.

Esta revelación pone de relieve la creciente desesperación de la Administración del presidente Emmanuel Macron, al no haber podido acabar con las manifestaciones con cañones de agua, golpes de porra reglamentaria y gases lacrimógenos.

Las autoridades han confirmado en las protestas del pasado sábado que al menos 14 vehículos blindados desplegados en París estaban equipados con este controvertido dispositivo, que el Gobierno “usaría como último recurso” contra sus propios ciudadanos.

El producto nocivo es de alta densidad y tiene la misma potencia que 200 granadas de gas lacrimógeno. Está diseñado para reprimir a personas de manera indiscriminada en una emergencia. Si una gran multitud traspasase barreras de seguridad importantes, “el polvo se usaría como último recurso para detenerlos”, ha afirmado una fuente de la Prefectura de la Policía parisina.

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El “último recurso” de la Administración de Macron preocupará sin duda a los grupos pro derechos civiles, así como a organizaciones de monitoreo como la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), con sede en La Haya (Países Bajos) y de la que Francia es miembro.

El movimiento de los “chalecos amarillos” dio inicio el 17 de noviembre a una serie de protestas, en un principio contra un alza del precio del combustible para 2019. Las manifestaciones se expandieron rápidamente por todo el país, obligando a Macron a suspender esa medida, aunque según analistas “las concesiones son pocas y muy tardías”.

Durante las protestas, los gendarmes y la policía franceses utilizan constantemente equipamiento represivo, incluidos gases lacrimógenos que se clasifican como arma química y están prohibidos fuera de zonas de guerra por acuerdos internacionales.

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