La tradición de comer 12 uvas —una con cada campanada del reloj— a la medianoche del primer día del año es un rito infaltable en las celebraciones de España y muchos lugares de América Latina.

La tradición de comer 12 uvas —una con cada campanada del reloj— a la medianoche del primer día del año es un rito infaltable en las celebraciones de España y muchos lugares de América Latina. ¿Por qué millones de personas repiten esta práctica?  Sputnik te lo cuenta.

“Uno, dos, tres y cuatro y empieza otra vez… que la quinta es la una, y la sexta es la dos… y así el siete es tres”.

Así reza la canción ‘Un año más’ de Mecano, que narra una típica vigilia de Año Nuevo en la Puerta del Sol de Madrid y, más precisamente, el momento de las doce uvas a medianoche.

Miles de personas se congregan en esa plaza para aguardar las campanadas del reloj de la antigua casa de Correos de la capital española, y otros millones la siguen en directo por televisión.

Junto con cada campanada, la usanza es comer una uva. Entre un sonido y otro, hay apenas tres segundos, por lo que masticar y tragar las doce frutas no es una empresa fácil, aunque lo parezca: muchos novatos quedan con la boca llena y pierden la cuenta. Además, por cada toque, se debe pedir un deseo. Muchas cosas en poco tiempo, ¿no?

Incluso hay quien se pierde con los “cuartos”, los cuatro toques iniciales del reloj, previos a las campanadas que marcan efectivamente la hora. De ahí la explicación del extraño conteo de la canción de Mecano, símbolo de una costumbre típica española, llegada a América Latina por influjo de las corrientes migratorias.

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Pero, ¿cómo surgió este ritual? Como muchas prácticas nacidas hace más de un siglo, el origen se vuelve difuso. Según una versión bastante extendida, se trató de una hábil estrategia de mercadotecnia de los productores vitícolas del sureste de España, que en el año 1909 se enfrentaron a un exceso en la producción.

Así, supuestamente, estimularon el acto de las uvas de Año Nuevo como un modo de incentivar el consumo de la fruta. Sin embargo, por más atractiva que parezca esta idea, es poco probable que las cosas se hayan dado de ese modo.

En un artículo del periódico ABC, el periodista Israel Viana sugiere que se trató en cambio de una costumbre iniciada anteriormente entre las clases más pudientes, que luego fue emulada por los estratos más populares de la sociedad española.

Al parecer, estaba la costumbre en los sectores pudientes de consumir uvas junto a la champaña, un hábito importado de Francia o Alemania. De hecho, hay testimonios en la prensa que dan cuenta de las 12 uvas junto a las campanadas bastante antes de 1909, el año en el que presuntamente comenzó la costumbre.

Las clases más populares comenzaron a congregarse en la Puerta del Sol a imitar las costumbres de la burguesía. Luego, se extendió por toda España y América Latina.

Si bien en España aún es posible encontrar uvas frescas, las hay también presentadas en conserva, en latas con 12 unidades peladas y sin semilla, de modo de facilitar la tarea. En general, se prefieren blancas. En América Latina, se sirven frescas donde las hay, pero en los sitios donde la vendimia está lejos de ocurrir, puede que se consuman pasas de uva.

Pero no es la única costumbre de Año Nuevo en América Latina. Las personas más supersticiosas tienen usanzas que varían de acuerdo al país. En aquellos sitios donde hubo más inmigración italiana, la gente suele comer lentejas, símbolo de riqueza y prosperidad para el año que vendrá. Otros eligen colores de ropa interior especiales (amarillo, rojo o rosa) para darle la bienvenida al año y traer suerte, fortuna o amor.

Y tú, ¿tienes alguna superstición para el Año Nuevo? ¡No te olvides de compartirla en nuestra sección de comentarios!

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