Los 'chalecos amarillos' salen a las calles de Francia este sábado por la octava vez desde que las protestas de ese movimiento iniciaron el 17 de noviembre de 2017.

Los ‘chalecos amarillos’ salen a las calles de Francia este sábado por la octava vez desde que las protestas de ese movimiento iniciaron el 17 de noviembre de 2017.

Tras el arresto de una de sus figuras mediáticas, los “chalecos amarillos” llamaron este sábado a una octava jornada de manifestaciones para dar un nuevo impulso a su movimiento y desafiar al Gobierno, que denuncia un intento de “insurrección” y reclama la vuelta al orden.

Será la primera movilización de 2019, pese a las concesiones del Ejecutivo, que se prepara para debatir las reivindicaciones del movimiento a mediados de enero.

En la capital, se declararon dos acciones principales: una marcha y una concentración en los Campos Elíseos, punto fuerte de las movilizaciones de los anteriores fines de semana.

Fue cerca de la famosa avenida parisina que Eric Drouet, figura controvertida del movimiento, fue arrestado el miércoles por la noche, cuando estuvo detenido una decena de horas, lo que generó indignación entre la oposición y los “chalecos amarillos”, que denunciaron una detención “política” y prometieron “no rendirse”.

Este “acto VIII” de la movilización constituirá una prueba para el movimiento de protesta, que lleva un mes y medio desafiando al Ejecutivo, si bien en las últimas semanas parece haber perdido fuerza.

En la última manifestación, el 29 de diciembre, se registraron 12.000 manifestantes en todo el país, según el ministerio de Interior, citado por la agencia de noticias Clarín.

Esa institución había censado 38.600 el 22 de diciembre y 282.000 el 17 de noviembre, durante el acto fundador del movimiento, que surgió contra el alza del precio de los carburantes, antes de defender reivindicaciones más amplias, relativas a la fiscalidad o al derecho a un referéndum de iniciativas ciudadanas.

Debilitado por esta protesta inédita, el jefe del Estado, Emmanuel Macron, anunció el 10 de diciembre una serie de medidas -como el aumento de 100 euros del salario mínimo y prometió, en un discurso ofrecido el 31 de diciembre, una vuelta al “orden republicano”. Pero las voces críticas distan mucho de acallarse.

“La ira se transformará en odio su usted continúa en su pedestal, usted y los que son como usted, considerando al pueblo como mendigos, desdentados, gente que no es nada”, advirtió el colectivo de los “chalecos amarillos” llamado “Francia en cólera” en una carta abierta dirigida al presidente y divulgada el jueves.

Frente a esta determinación, el Gobierno endureció el tono. “[El movimiento], para quienes sigan movilizándose, se ha convertido en un acto de agitadores que quieren la insurrección y, en el fondo, derrocar al gobierno”, consideró el viernes Benjamin Griveaux, portavoz del Gobierno.

Christophe Castaner, el escudo de Macron contra los chalecos amarillos

El ministro de Interior, Christophe Castaner, instó a los prefectos a seguir evacuando, echando mano de la fuerza si es necesario, el “centenar de puntos de concentración” que siguen existiendo en las carreteras francesas.

Desde el inicio del movimiento, más de 1.500 personas resultaron heridas, 53 de ellas, de gravedad entre los manifestantes, y casi 1.100 entre las fuerzas de seguridad. Además, diez personas han muerto, principalmente en accidentes al margen del bloqueo de carreteras.

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