Los estados árabes del Golfo Pérsico, principales patrocinadores de los rebeldes que intentaban derrocar al presidente sirio, están alineados ahora para reabrir sus embajadas en Siria

Los estados árabes del Golfo Pérsico, principales patrocinadores de los rebeldes que intentaban derrocar al presidente sirio, están alineados ahora para reabrir sus embajadas en Siria, analiza en un informe “The Associated Press”.

“Están preocupados (las monarquías árabes) por dejar a Siria en el corazón del mundo árabe a manos de sus rivales regionales, Irán y Turquía, y perder el lucrativo cargo posterior. Proyectos reconstructivos de guerra”, apostilla el columnista Zeina Karam en su artículo, publicado este domingo en el diario estadounidense.

Adelantando a sus rivales regionales los Emiratos Árabes Unidos (EAU) reabrió a finales del pasado diciembre su embajada en Damasco, capital de Siria. Tras EAU, Bahréin y Kuwait también informaron de su decisión para retomar lazos diplomáticos y volver a abrir sus sedes diplomáticos en el país árabe sumergido en crisis desde hace ocho años.

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La rehabilitación diplomático, según la periodista de AP, parece “una inversión alucinante para un líder cuyo Ejército una vez parecía peligrosamente cerca del colapso”, pero ganó fuerza gracias a la intervención castrense de Rusia, que comenzó en 2015, así como la asesoría militar de Irán en la vía de recuperar ciudades como Homs y Alepo.

El mandatario sirio, Bashar Al-Asad, ganó una devastadora guerra contra la nación árabe y ahora gobierna un país en ruinas, pero ahora está sentado más cómodamente puesto que se está cumpliendo en estos momentos su vaticinio de que varios países árabes que conspiraban contra Siria, tarde o temprano pedirían disculpas.

Tras emerger la crisis siria, a mediados de marzo de 2011, algunos estados árabes bloquearon sus legaciones en la capital de Siria y justificaron el acto por “represión” de las protestas de la oposición siria por parte del Gobierno de Al-Aasad.

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