La conferencia de dos días en Polonia sobre Oriente Medio no terminó tal y como deseaba su padrino, Estados Unidos. La comunidad internacional se opuso otra vez al unilateralismo de Donald Trump.

La conferencia de dos días en Polonia sobre Oriente Medio no terminó tal y como deseaba su padrino, Estados Unidos. La comunidad internacional se opuso otra vez al unilateralismo de Donald Trump.

¿De qué se trata?

A mediados del pasado enero y en un discurso pronunciado desde Egipto, el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, anunció una reunión en Varsovia, capital de Polonia, para formar una “enorme coalición” de Estados para aumentar las presiones contra Irán y obligarlo a “comportarse como un país normal”.

Las reacciones negativas no tardaron en llegar. El canciller iraní, Mohamad Javad Zarif, calificó el evento de un “circo”. Rusia, China, Turquía, El Líbano, Catar, Siria y Palestina se sumaron a las críticas y bloquearon la conferencia.

Moscú consideró contraproducentes “los intentos por crear algún tipo de alianza militar en la región celebrando conferencias y centrándose en un acercamiento simplificado unilateral que está claramente vinculado con Irán”.

Los aliados de Trump en Europa tampoco acogieron con beneplácito la iniciativa. La jefa de la Diplomacia de la Unión Europea (UE), Federica Mogherini, anunció inmediatamente que no iba a participar en la reunión.

Francia y Alemania se abstuvieron de enviar representantes de alto rango a Varsovia y el Reino Unido, cuyo ministro de Asuntos Exteriores, Jeremy Hunt, se presenció en la conferencia, insistió en abordar la crisis en Yemen y no Irán.

Europa no ha ocultado su firme oposición con las políticas de Trump en Oriente Medio, desde la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear, hasta su apoyo sin condiciones a Arabia Saudí y la retirada de sus fuerzas de Siria.

Quienes acogieron con entusiasmo la reunión eran el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y las monarquías árabes más críticas con Irán.

EEUU da marcha atrás

Ante esas presiones, la Casa Blanca dio su brazo a torcer. El cambio de título de la conferencia, de “sobre la influencia desestabilizadora de Irán en Oriente Próximo” a “para promover un futuro de paz y seguridad en Oriente Próximo”, dejó claro todo.

El embajador en funciones de Estados Unidos ante Naciones Unidas, Jonathan Cohen, aseveró que la conferencia de Varsovia “no es una ocasión para demonizar o atacar a Irán”.

“Los puntos de la agenda incluyen una discusión sobre las crisis humanitarias en Siria y en Yemen, así como sesiones sobre desarrollo de misiles, extremismo y ciberseguridad”, señaló.

Arranca la polémica conferencia de Varsovia con poca participación

¿Cómo se desarrolló la conferencia?

Como estaba previsto, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, aprovechó la oportunidad para criticar a Irán. Llegó a calificar al país persa de la “mayor amenaza” para Oriente Medio.

“Ninguno de los peligros es más urgente que el terrorismo radical islámico y los regímenes autocráticos que lo exportan”, señaló en referencia a Irán.

Además, Pence instó a los países europeos a dejar de lado el acuerdo nuclear e incluso criticó a los mismos por no hacerlo hasta ahora.

“Lamentablemente, algunos de nuestros principales socios europeos no han sido tan cooperativos (…) De hecho, han liderado el esfuerzo de crear mecanismos para romper nuestras sanciones”, dijo Pence en alusión al instrumento financiero creado por algunos países europeos que permite a sus empresas evitar las sanciones estadounidenses.

Netanyahu, a su vez, trató de utilizar la conferencia no solo para repetir sus acusaciones contra Irán, sino también para avanzar en el acercamiento de Israel a los países árabes.

“En una única sala (…) un primer ministro israelí y ministros de los principales países árabes estaban juntos y hablaron alto, de forma clara y unida, contra el riesgo del régimen iraní”, destacó Netanyahu.

Israel solo tiene relaciones diplomáticas con dos países árabes, Egipto y Jordania. Sin embargo, en los últimos años, Tel Aviv y algunas monarquías árabes, especialmente Arabia Saudí, han intentado estrechar sus relaciones.

El pasado octubre, Netanyahu hizo una visita sorpresa a Omán, lo que puso de manifiesto un progreso en las relaciones entre ambas partes. Israel pretende, además, normalizar sus nexos con Bahréin. Tal y como explicó el pasado 23 de noviembre Hani Marzuq, uno de los portavoces de Netanyahu, el premier viajaría pronto al pequeño reino del Golfo.

Los acontecimientos han preocupado a las autoridades palestinas, que consideran la normalización de las relaciones de los países islámicos con Israel como una violación flagrante a  las resoluciones aprobadas por la Liga Árabe (LA) y la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) contra la ocupación de los territorios palestinos.

Justo por la misma razón, el ministro palestino de Asuntos Exteriores, Riad Malki, dijo que los palestinos “ven la conferencia de Varsovia como un complot contra la causa palestina”.

Compartir: