Los que te machacan el cuerpo de forma sigilosa y poco a poco para que no te des cuenta son tus malos hábitos. ¿Qué puedes hacer para no echar barriga? 

Los que te machacan el cuerpo de forma sigilosa y poco a poco para que no te des cuenta son tus malos hábitos. ¿Qué puedes hacer para no echar barriga? 

No, los años no son los que te hacen echar barriga. Tampoco el matrimonio, ni los hijos (aunque estudios como el realizado por investigadores de la Universidad de Northwestern -Estados Unidos- en 2015 relacionan la paternidad con un aumento de un kilo y medio aproximadamente de peso). Los que te machacan el cuerpo de forma sigilosa y poco a poco para que no te des cuenta son tus malos hábitos. Esas pequeñas cosas que haces mal día tras día hasta que ese día a día se convierte en toda vida son, junto a los cambios físicos propios de la edad, la causa real de que, por ejemplo, aflore la barriga donde antes se extendía una tripa (más o menos) plana. ¿Qué puedes hacer para tratar de evitarlo? Aquí van algunas ideas:

  1. Siéntate bien: Tan sencillo como suena. Piénsalo bien. Seguramente ésa es la postura en la que más horas pasas a lo largo del día mientras estás despierto. Si lo haces mal, encorvando la espalda y adelantando barbilla cual gárgola, además de terminar con dolor de espalda, debilitarás los músculos abdominales.

Solución: aposenta tus glúteos sobre los isquiones (huesecillos del trasero), rota los hombros hacia atrás (implicando a los omóplatos) y activa tu abdomen.

  1. Deja las bebidas carbonatadas.A todos nos encanta el refrescante cosquilleo que provocan las burbujas en la boca… hasta que llegan a la tripa y se convierten en gases. Eso por no hablar del azúcar y otros sucedáneos que se utilizan para endulzarlas.

Solución: Toma mucha agua e infusiones. La de jengibre, además de aliviar la hinchazón del vientre, es rica en vitaminas B y C, fósforo y calcio. La manzanilla con anís ayuda a hacer la digestión y mitiga los gases; y la de canela limpia el organismo y combate las flatulencias.

  1. Descubre la alimentación consciente. Nada de engullir como un pavo mientras miras el móvil o la televisión. Si no prestas atención a lo que comes arrasarás con todo lo que se te ponga por delante.

Solución: Practica el ‘mindfulness’ sobre la mesa. Saborea cada bocado y mastícalo las veces que sea necesario (de esa forma ayudarás también a tu sistema digestivo).

  1. Tonifica.El sedentarismo es uno de los peores enemigos de tu salud. La falta de tono muscular en tu abdomen se traducirá en dolores de espalda, acumulación de grasa (el músculo desempeña una función quema grasa importantísima) y debilitamiento de esa faja natural que sirve de sostén de tus vísceras.

Solución: fortalece la zona con planchas y abdominales hipopresivos (¡olvídate de los ‘crunchs’!).

  1. Cuida tu dieta. Caer en la tentación de los hidratos simples, el azúcar y los procesados es fácil. Están por todos los lados y, todo hay que decirlo, suelen producirnos una sensación muy placentera en las papilas gustativas.

Solución: No los compres. Si no los tienes a mano, no los tomarás. Reduce al máximo su ingesta pero sin obsesionarte (para no crearte más ansiedad).

  1. Duerme.La falta de sueño engorda. Así como suena. No sólo porque el insomnio haga que se despierte el apetitito de ‘comida basura’, sino porque hace que se ralentice el sistema metabólico.

Solución: Busca la fórmula para mejorar la calidad de tu sueño. Tu organismo, al obtener el descanso que necesita para regenerarse tras la actividad del día, funcionará mejor en todos los sentidos (también en el de la quema de calorías).

  1. Optimiza tu forma de respirar.Al nacer, nuestra respiración es plena y profunda pero, con el paso del tiempo, el estrés, los miedos y la angustia rebajan su calidad y eso se deja notar en todo nuestro organismo.

Solución: toma consciencia de la forma en la que tomas y expulsas el aire, sintiendo cómo se expande y retrae tu abdomen al hacerlo (casi sin darte cuenta aprenderás a activarlo).

  1. Elimina el alcohol.Ese (aparentemente) inofensivo gin-tonic es en realidad una bomba de relojería, cargada de calorías vacías de nutrientes.

Solución: Una copita de vino siempre será la mejor opción.

Fuente: El Mundo

¿Quiere saber cómo terminar con la grasa abdominal?

 

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