La mascare de Nueva Zelanda se sumó a muchas otras pruebas que indican el auge en todo el planeta de la supremacía blanca, un fenómeno que no conoce ni límites ni fronteras.

El baño de sangre  que provocó Brenton Harrison Tarrant en Christchurch, puso de manifiesto que hasta las islas no están a salvo del ascenso de la ultraderecha. El video de 17 minutos del ataque mortífero contra dos mezquitas, que dejó 50 muertos, así como un manifiesto de 74 páginas de Tarrant revelan que el autor estaba profundamente alineado con la extrema derecha mundial.

“La gran sustitución. Hacia una nueva sociedad”

Con ese título, Tarrant, de 28 años, comenzó su manifiesto, publicado en las redes sociales. En ello, se presentaba abiertamente fascista.

“Soy un hombre blanco común y corriente (…) Nacido en Australia en el seno de una familia de clase trabajadora y de bajos ingresos (…) Por una vez, la persona que será llamada fascista es un fascista de verdad”, reza su manifiesto.

La mascare de Nueva Zelanda se sumó a muchas otras pruebas que indican el auge en todo el planeta de la supremacía blanca, un fenómeno que no conoce ni límites ni fronteras.

En el texto, el australiano expresaba su preocupación por la desaparición de los “pueblos europeos” a consecuencia de la llegada de los inmigrantes, a quienes calificó como “invasores”. “Quieren ocupar las tierras de mi pueblo y reemplazar étnicamente a mi propia gente”, agrega.

El terrorista elogió al presidente estadounidense, Donald Trump, considerándolo como “un símbolo de renovación de la identidad blanca”, lo que suscitó críticas contra el magnate, quien causó aún más furor al comentar que el nacionalismo blanco no es un problema creciente.

Tarrant justificó el ataque a las mezquitas Al Noor y Linwood alegando que los musulmanes “son el grupo de invasores más odiado en Occidente y atacarlos tendrá el mayor nivel de apoyo”.

En otra parte del largo texto, dijo haber sido inspirado por Anders Breivik, el extremista de ultraderecha que asesinó a sangre fría a 77 personas en Noruega el 22 de julio de 2011.

En las imágenes retransmitidas por Tarrant se ven los dos fusiles llenos de inscripciones de color blanco, que son nombres de autores de otras matanzas xenófobas y referencias históricas a personajes y batallas vinculadas a las luchas entre cristianos y musulmanes.

La mascare de Nueva Zelanda se sumó a muchas otras pruebas que indican el auge en todo el planeta de la supremacía blanca, un fenómeno que no conoce ni límites ni fronteras.

De hecho, el australiano rindió homenaje a otros asesinos de masas como Alexandre Bissonette, que en 2017 mató a seis personas en una mezquita de Québec y el italiano Luca Traini, que disparó contra media docena de inmigrantes africanos en Macerata, a 200 kilómetros de Roma.

Propagandas y políticos, detrás de crímenes de odio

Matthew Feldman, director del Centro para el Análisis de la Derecha Radical, un grupo de investigación con sede en el Reino Unido, explicó en declaraciones a The New York Times que “la omnipresencia de las redes sociales, así como la accesibilidad de páginas web como 4chan y 8chan en las que la extrema derecha se reúne en internet, le permitieron sumergirse fácilmente en la conversación extremista”.

“La gente que lee estas cosas puede estar en Nueva Zelanda, Noruega o Canadá, así como en Estados Unidos (…) Internet no tiene fronteras. Además, no solo no tiene fronteras, sino que tiene sitios como 4chan que se construyeron para extremistas de derecha. Tienes anonimato si así lo quieres y estas publicaciones de incitación no se van a eliminar de inmediato”, detalló.

La llegada al poder de muchos políticos ultraderechistas en el mundo durante los últimos años es otro motivo clave de ataques xenófobos. Los gobiernos extremistas han ganado el apoyo de los ciudadanos describiendo un futuro muy oscuro para sus respectivos países desde los aspectos económico y de seguridad si reciben a inmigrantes procedentes de naciones pobres.

En un Estados Unidos de Trump se califica a las naciones pobres como “países de mierda” y se sobrepasa cualquier línea roja como la separación de los niños inmigrantes  de sus familias para frenar la ola migratoria.

En Italia, el ministro del Interior, Matteo Salvini, ha librado una guerra abierta contra las ONG que realizan operaciones de rescate de solicitantes de asilo en el Mediterráneo, mientras en Hungría, el primer ministro, Viktor Orbán, rechaza el concepto de una sociedad multiétnica y defiende una Europa cristiana contra los islámicos percibidos como invasores.

En países como Alemania, Francia y Austria también ha cambiado la situación. Los derechistas están ganando terreno a otros corrientes políticos con su discurso de odio, un fenómeno que podría poner en peligro el multilateralismo y así desestabilizar el mundo.

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