Desde hace años, la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (MeK en sus siglas en inglés) ha sido elegido por los neoconservadores como una alternativa para el Gobierno iraní.

Desde hace años, la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (MeK en sus siglas en inglés) ha sido elegido por los neoconservadores como una alternativa para el Gobierno iraní.

Mek cuenta con un pasado terrorista –así lo consideraban hasta hace unos años EEUU y la UE–, lo que nunca le ha impedido contar con el apoyo de dirigentes occidentales, entre los que se encuentran dos expresidentes españoles, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. A la cita de este año, acudieron los norteamericanos Rudy Giuliani (exalcalde de Nueva York), Newt Gingrich (expresidente de la Cámara de Representantes), Joe Lieberman (exsenador) y John Bolton (exembajador en la ONU).

El MeK ha aparecido descrito en varios artículos en medios y estudios de ‘think tanks’ como una organización similar a una secta y caracterizada por el culto a la personalidad de su líder, Masud Rayaví, hoy probablemente muerto y sustituido por su esposa. Fundada en los 60, realizó una campaña de ataques contra la dictadura del sha Reza y celebró su derrocamiento. Apoyó el Gobierno posterior del ayatolá Jomeini, incluida la toma de rehenes de la embajada de EEUU, pero terminó siendo ilegalizada por el Gobierno.

Fue entonces cuando llevó a cabo una sangrienta campaña de atentados contra el corazón del poder iraní. En 1981 colocó una bomba en la sede del partido en el poder y mató a su líder, el ayatolá Behesti, que era el número dos de la Revolución Islámica sólo por detrás de ayatolá  Jomeini, y a 27 diputados. Meses después, otra bomba acabó con el presidente del país y el primer ministro.

Sadam Hussein con Masud Rayaví.

El grupo, ya dirigido por Rayaví, se refugió en Irak, donde recibió el apoyo de Sadam Hussein en forma de armamento y dinero. En esos años, llevó a cabo atentados contra fuerzas de seguridad y políticos iraníes, pero también contra la población civil. Los kurdos iraquíes acusaron al MeK de haber participado en la represión de la población kurda en 1991 al servicio de Sadam, una denuncia corroborada por un informe del Departamento de Estado norteamericano. En 1997 fueron declarados organización terrorista por EEUU, y por la UE en 2002.

La invasión de Irak en 2003 les colocó en una situación imposible, porque el nuevo Gobierno iraquí, controlado por partidos chiíes, exigió a Washington que desaparecieran los campamentos en los que vivían los militantes del MeK cerca de la frontera de Irán. Después de varios años de indecisión, los norteamericanos convencieron u obligaron al Gobierno de Albania a acogerlos. Los líderes del grupo se refugiaron en París, donde se les permite realizar su actividad política.

En 2012, Washington dejó de catalogarlo como organización terrorista. La UE había tomado esa misma decisión unos años antes, en 2009. Ambas decisiones permitieron al MeK acceder a decenas de millones de dólares guardados en cuentas bloqueadas por esos gobiernos. Por entonces el grupo decía estar colaborando con EEUU para desvelar los secretos del programa nuclear iraní.

El doble rasero de EEUU frente al terrorismo

El MeK paga generosas cantidades de dinero a muchos de los políticos occidentales que acuden a sus reuniones anuales, algo que por lo demás es una fuente habitual de ingresos para expresidentes. Otros acuden como muestra de apoyo a los objetivos políticos del grupo.

El informe de HRW había denunciado abusos y torturas del MeK contra algunos de sus propios partidarios en los campamentos donde residían en Irak, “desde incomunicaciones prolongadas y confinamientos en solitario hasta palizas, abusos verbales y psicológicos, confesiones obtenidas por la fuerza, amenazas de ejecución y torturas que en dos casos acabaron en muerte”.

Un informe de RAND de 2009 describió las características internas del grupo y su similitud con una secta, más que con un movimiento político. El sometimiento a la voluntad del líder incluía la separación forzosa de los matrimonios, a menos que fueran autorizados por el grupo, y la separación de hombres y mujeres en cualquier situación.

Masud Rayaví desapareció de Irak poco después de la invasión de 2003. Su mujer es desde entonces quien controla la organización. Es posible que Rayaví esté ya muerto y que la noticia no se haya dado a conocer para permitir a sus actuales dirigentes mantener su control de la organización. Turki bin Faisal, importante miembro de la familia real saudí y jefe de los servicios de inteligencia durante 23 años hasta 2001 (después fue embajador en Washington y Londres), es otro conocido partidario del MeK (aparece en la foto de arriba) y orador frecuente en las asambleas anuales del grupo. En 2016, cometió en dos ocasiones en el discurso el desliz de referirse al “fallecido Masud Rayaví”.

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