El oceanógrafo que encontró los restos del Titanic reveló que su hallazgo formaba parte de un acuerdo altamente secreto con la Armada de Estados Unidos para eludir a la Unión Soviética en los años ochenta.

El oceanógrafo que encontró los restos del Titanic reveló que su hallazgo formaba parte de un acuerdo altamente secreto con la Armada de Estados Unidos para eludir a la Unión Soviética en los años ochenta.

En la misión para encontrar el buque perdido, EE.UU. también buscaría dos submarinos nucleares estadounidenses desaparecidos y hundidos que la Marina de Guerra del país necesitaba encontrar antes que lo hicieran otros, incluidos los rusos, reveló Robert Ballard, oceanógrafo y comandante de la Reserva Naval, a CBS News.

Los submarinos nucleares USS Scorpion y USS Thresher se hundieron en los años sesenta. El primero supuestamente terminó en el fondo del mar debido a una explosión de un torpedo, mientras que el segundo se hundió con los más de cien miembros de su tripulación durante una prueba de resistencia del casco en los límites de profundidad del mismo.

En la década de 1980, Ballard intentaba encontrar los restos del Titanic, pero carecía de fondos. El oceanógrafo decidió acudir a la Armada estadounidense en busca de apoyo, pero en un primer momento recibió una negativa, ya que el proyecto no era considerado rentable. Sin embargo, la búsqueda del Titanic podría servir como una buena pantalla para la búsqueda de los submarinos hundidos, ya que Estados Unidos no quería que la URSS se enterara.

“Entonces, hicimos un trato: ‘me dejan hacer lo que quiero hacer, si hago lo que quieren que haga'”, recordó Ballard.

Así, el oceanógrafo pudo usar el aparato de investigación de aguas profundas para buscar el Titanic con la condición de que lo hiciera después de localizar los submarinos desaparecidos, y comprobara su estado y si sus fragmentos estaban contaminando el medioambiente.

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Ballard cumplió su parte del trato, pero la etapa secreta de la misión le tomó más tiempo de lo que esperaba, por lo que solo le quedaron 12 días para llevar a cabo la búsqueda del Titanic. Sin embargo, su experiencia buscando el USS Scorpion fue invaluable para lograr encontrar el transatlántico. El oceanógrafo aprendió que al buscar el rastro de escombros, encontraría el buque. Ballard logró dar con el legendario transatlántico en solamente ocho días.

Algunos años antes, en 1975, otra misión secreta de Estados Unidos fue la raíz de desentendimientos con la URSS: la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EE.UU. llevó a cabo una misión para sacar desde el fondo del Océano Pacífico una parte de un submarino soviético que se había hundido siete años atrás.

Al enterarse de esto, el entonces ministro de Defensa de la URSS, Andréi Grechko, pidió que el embajador soviético en los Estados Unidos expresara su indignación ante la CIA y exigiera que la operación fuera detenida.

La misión de EE.UU. desató un escándalo político que se prolongó hasta finales de 1975. Al final, la parte norteamericana se vio obligada a reconocer que la CIA estaba llevando a cabo la operación secreta Jennifer y que había sido posible levantar no solo parte del submarino del fondo del océano, sino también los cuerpos bien conservados de seis marineros soviéticos. Bajo la presión de la URSS, se suspendió la operación. Si bien la tensión por el conflicto disminuyó, una resolución final no ha sido encontrada hasta el día de hoy.

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