“Hoy quiero decretar el estado de excepción económica y social”, estas palabras de Emmanuel Macron mostraron otra cara del presidente, que se vio obligado a enarbolar la bandera blanca, después de que fuera acorralado por cientos de miles de manifestantes que pedían hasta su dimisión.

“Hoy quiero decretar el estado de excepción económica y social”, estas palabras de Emmanuel Macron mostraron otra cara del presidente, que se vio obligado a enarbolar la bandera blanca, después de que fuera acorralado por cientos de miles de manifestantes que pedían hasta su dimisión.

Macron vs. Macron

El alza del combustible hizo arder a Francia. Desde el pasado 17 de noviembre, Francia se parece a un campo de batalla. Las movilizaciones comenzaron contra el aumento del precio de los carburantes. El precio del diésel, combustible más usado por los automóviles franceses, se elevó hasta 23% en el último año.

Aunque el gobierno dio marcha atrás y dejó de lado la medida, continuó la indignación callejera, cuyo resultado fue el surgimiento del movimiento sin líder “chalecos amarillos”.

La revuelta, que tiene por emblema la prenda fluorescente obligatoria en los automóviles, amplió sus reivindicaciones y puso en tela de juicio la agenda económica de Macron, a quien las clases medias empobrecidas acusan de trabajar en pro de intereses de los ricos y le reprochan por las políticas de austeridad y desigualdad.

Francia en caos

Tan solo 4 semanas de protestas han dejado indirectamente 5 muertos. Muchos vehículos fueron quemados. Solo en el último sábado de las marchas, más de 260 personas resultaron heridas, mientras otras 1.700 fueron arrestadas, de acuerdo con las cifras oficiales.

En esa jornada, más de 125.000 franceses inundaron las calles en distintas partes del país para cuestionar el desempeño de su gobierno.

Es más, por primera vez en más de una década, se desplegaron vehículos blindados de la gendarmería en París, mientras unos 89.000 agentes tenían la misión de garantizar la seguridad.

Un nuevo frente

Las presiones se multiplicaron aún más sobre Macron cuando los estudiantes se sumaron a la ira contra el presidente exigiendo la cancelación de sus reformas educativas. El pasado viernes, miles de ellos salieron a las calles en París. La movilización se tornó violenta y las imágenes de más de 140 estudiantes detenidos que habían sido obligados a arrodillarse por la Policía causaron escándalo y un fuerte rechazo social. Las temperaturas aumentaron hasta tal punto que el gobierno reconoció que lo sucedido fue “impactante”.

“Las imágenes son forzosamente impactantes. Estamos en un clima de violencia excepcional. Sin embargo, hay que poner las cosas en su contexto”, admitió el ministro de Educación Nacional, Jean-Michel Blanquer.

 

Macron contra las cuerdas

No cabe duda que la imagen de Macron se ha desmoronado tan solo un año y medio tras su llegada al poder. Según una encuesta reciente del Instituto Ifop, solo el 25% de los franceses aprueban la gestión del inquilino del Elíseo.

Parece que el exbanquero, de 41 años, ya está enfrentando las consecuencias de humillar a parte de la sociedad a la que describía con tales frases: “los que no son nada”, los “vagos” o “los galos refractarios a las reformas”.

Aunque en la escena política Macron logró muchos éxitos y se convirtió en el presidente más joven de la historia de Francia, algunas de sus políticas y su comportamiento han inquietado a aquellos sectores de la sociedad que denuncian haber sido ignorados.

Macron cede, pero no apaga el fuego

El pasado lunes, Macron por fin dio su brazo a torcer. Reconoció su culpa por haber irritado a los ciudadanos y dio a conocer sus decisiones para acabar con el descontento. Entre otras medidas, el mandatario anunció un aumento de 100 euros del salario mínimo, la anulación de un nuevo impuesto para los jubilados con pequeñas pensiones y la exención de impuestos y contribuciones sociales a las horas extraordinarias.

Sin embargo, el presidente no aceptó restablecer el impuesto sobre la fortuna, que el gobierno considera necesario para reactivar las inversiones en Francia. Anteriormente, lo pagaban el impuesto aquellos con un patrimonio neto imponible superior a los 1,3 millones de euros, que fue sustituido por un impuesto sobre la fortuna inmobiliaria.

Las medidas del Elíseo convencieron a parte de los manifestantes, pero no a todos. Se prevé que los “chalecos amarillos” sigan movilizándose -aunque menos numerosos- en los próximos días.

Cólera amarilla

El movimiento que puso en jaque  al gobierno de Macron y conquistó el Arco del Triunfo de París, uno de los símbolos más relevantes del país galo, se ha extendido a otros países europeos. Bélgica y Holanda también han sido escenario de protestas antigubernamentales. Ni Bélgica ni Holanda han aumentado los precios de los combustibles, pero los manifestantes se quejaban de las políticas económicas de las autoridades. Después de su victoria en Francia, los “chalecos amarillos” podrían convertirse en una pesadilla para los gobiernos europeos.

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