La historia de Abdelaziz Bouteflika fue otra prueba que evidenció la necesidad de mandatos limitados para cualquier líder político en cualquier país.

La historia de Abdelaziz Bouteflika fue otra prueba que evidenció la necesidad de mandatos limitados para cualquier líder político en cualquier país.

Trayectoria de Bouteflika

Cuando tenía solamente 19 años, Bouteflika se unió al Frente de Liberación Nacional (FLN) que luchaba contra Francia, entonces la potencia colonial.

En 1962 y luego de que Argelia lograra su independencia, encabezó el Ministerio de Deportes y Turismo y un año después, se convirtió en el jefe de Diplomacia del país hasta 1979.

La historia de Abdelaziz Bouteflika fue otra prueba que evidenció la necesidad de mandatos limitados para cualquier líder político en cualquier país.

El político fue acusado en 1981 de corrupción y se autoexilió durante años en diversos países del Golfo Pérsico. Cuando volvió a Argelia, contó con el apoyo del Ejército para postularse como candidato presidencial en las elecciones de 1999, en las que salió victorioso haciéndose  con un 75 % de los votos, aunque el resto de los candidatos boicotearon los comicios denunciando un posible fraude electoral.

Cuando asumió el poder, dio inicio a un proceso de reconciliación y reconstrucción del país, que no llegó a buen puerto.

En el escenario internacional, Bouteflika se había convertido hace décadas en una figura política importante al defender firmemente el socialismo árabe, el movimiento de los Países No Alineados y la causa palestina.

La historia de Abdelaziz Bouteflika fue otra prueba que evidenció la necesidad de mandatos limitados para cualquier líder político en cualquier país.

Bouteflika estuvo en contacto con el revolucionario cubano Ernesto “Che” Guevara y recibió en Argel al que iba a convertirse en el futuro líder sudafricano Nelson Mandela. Como presidente de la Asamblea General de la ONU en 1974, Bouteflika le dio a Yasser Arafat, líder de la Organización para la Liberación de Palestina, la oportunidad de dirigirse a las Naciones Unidas y pronunciar su discurso histórico.

Tiempo acabado

El longevo presidente de Argelia, Abdelaziz Bouteflika, acorralado por la indignación callejera y una salud deteriorada, presentó el martes su renuncia tras 20 años aferrado al poder.

Desde cuando Bouteflika, de 82 años, anunció su quinta candidatura el pasado 10 de febrero, decenas de miles de personas inundaban cada viernes las calles en distintas partes del país para reclamar la salida del poder del presidente.

Bouteflika, muy débil desde el accidente cerebrovascular sufrido en 2013 (en 2005 había sido operado por una úlcera estomacal), intentó salvar su trono con promesa de reformas políticas a través de una nueva Constitución, lo que no pudo calmar a los indignados y por fin el mandatario se vio obligado a dimitir con la exigencia del jefe del Ejército, Ahmed Gaed Salah.

El siguiente paso debería ser la reunión de las dos cámaras del Parlamento -la Asamblea Popular Nacional (APN, cámara baja) y el Consejo de la Nación (cámara alta)-, según lo previsto en la Constitución.

Por ahora, el actual presidente del Consejo de la Nación, Abdelkader Bensalah, de 77 años, toma las riendas del país durante un periodo máximo de 90 días hasta la celebración de nuevas elecciones.

Insatisfacción ciudadana

Incluso antes de las recientes marchas multitudinarias, los argelinos habían expresado su repudio por el bajo nivel de vida y altas cifras del desempleo.

Los esfuerzos de Bouteflika para acercarse al Occidente y las reformas económicas no ayudaron al país africano que se deshiciera de su dependencia del petróleo o los crecientes números del paro.

El mal estado de salud del presidente, que desde hace 5 años lo obligó a trasladarse en una silla de ruedas, aumentó su impopularidad, ya que los ciudadanos sospechaban sobre quién realmente gobernaba el país.

Misión incumplida

Para la mayoría de los argelinos, Bouteflika no es el único político que debe hacer las maletas. Lo que reclaman los manifestantes es el fin del actual sistema político.

“Hay que seguir atentos. Disfrutamos del momento pero no nos olvidamos de lo esencial. El sistema y sus tentáculos mafiosos tienen que irse, por eso las manifestaciones continuarán”, dijo a AFP el argelino Fadhéla Amara, de 69 años.

Muchos atribuyen al hermano de Bouteflika, Said, las ambiciones del presidente para permanecer en el poder, así que los líderes de la oposición han convocado nuevas movilizaciones.

De hecho, ahora la transición política es el desafío más importante para los argelinos para que su país no corra el mismo destino de los países de la región que cayeron en desgracia después de las revoluciones de la llamada Primavera Árabe.

¿…Y ahora Argelia?

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