La jornada ha estado marcada por el escándalo provocado por la entrega de cámaras ocultas por parte del Likud a sus voluntarios en centros de votación. Ambos logran 35 escaños.

La jornada ha estado marcada por el escándalo provocado por la entrega de cámaras ocultas por parte del Likud a sus voluntarios en centros de votación. Ambos logran 35 escaños.

Ni el anuncio de la Fiscalía de que le imputará por cargos de corrupción, ni el poderoso rival que se consolidó un mes antes de los comicios, el militar Beni Gantz, han logrado destronar a Benjamin Netanyahu, que con un 97% escrutado trabaja ya para formar la próxima coalición de gobierno israelí.

Hasta el último minuto, el actual jefe del Ejecutivo estuvo amenazando a los votantes con la perspectiva de “un Gobierno de izquierdas apoyado por los árabes”, si no se movilizaba el voto.

Su estrategia fue proyectarse como probable perdedor durante toda la jornada electoral, para animar a los israelíes a acudir a las urnas. También hizo todo lo posible por arrancar los votos que pudiese de los partidos afines, pese a riesgo de provocar que no entraran en la Cámara.

Y funcionó. Aunque por la mínima, Netanyahu consiguió volver a ser el cabeza de lista más votado (con el 97 % del voto escrutado), sacó cinco escaños más de los que tenía y, según los analistas se abrió el camino para formar un nuevo gobierno, su quinto -cuarto consecutivo- lo que le convertiría en los próximos meses el primer ministro más longevo en el puesto, superando al fundador del Estado, David Ben Gurión.

El logro sigue a la que ha sido definida como la campaña más dura a la que este dirigente se ha enfrentado nunca, aunque con guiños, eso sí, tanto del presidente estadounidense, Donald Trump, como del ruso, Vladímir Putin, que le ayudaron en los últimos días a apuntarse importantes tantos en los campos diplomáticos y de seguridad (con el reconocimiento de la soberanía israelí en el Golán sirio ocupado y la entrega de restos de un soldado israelí caído en Líbano en 1982).

La decisión del Fiscal General de Israel, Avichai Mandelblit, -anunciada en febrero y pendiente de una vista- de acusar de soborno, fraude y abuso de confianza a Netanyahu, no parece haberle restado votos, a pesar de que su formación intentó sin éxito que esta se retrasase hasta final de los comicios.

Lo que si logró el Likud es que la Fiscalía no entregase el escrito de acusación a los abogados con antelación, para evitar filtraciones que podrían haber dañado su imagen en plena campaña electoral. Hoy mismo los fiscales entregarán la documentación, que podría transcender en los próximos días o semanas.

Pese a ello, el apodado “rey Bibi”, que se ha sometido a más de una decena de largos interrogatorios policiales en los últimos dos años y ha visto como las televisiones mostraban a los investigadores y coches de la Policía entrando en su residencia oficial para tomarle testimonio, ha logrado que la sombra de la corrupción apenas le salpique en estas elecciones, y que no desinfle a sus votantes.

Además de los tres casos en los que la Fiscalía ha anunciado que le imputará (uno por supuestamente aceptar lujosos regalos a cambio de favores y dos para garantizarse una buena cobertura en medios a cambio de favorecer a empresas mediáticas), durante la campaña ha trascendido información sobre otro escándalo que podría abrirle un nuevo frente.

Se trata de un supuesto enriquecimiento sospechoso con la venta de unas acciones, que podría estar relacionada con posibles irregularidades en la compra de unos submarinos, en la que estuvieron involucrados asesores y familiares suyos.

A estos escándalos, que han proyectado una imagen de un Bibi ambicioso y centrado en acumular dinero y buena prensa, se sumaba en estos comicios el surgimiento reciente de un rival colosal, el general retirado Beni Gantz, que además no concurría en soledad, sino aliado con un político potente, Yair Lapid, al frente del centrista Yesh Atid, y otros dos generales muy valorados, también exjefes del Estado Mayor: Moshe Yaalon y Gabi Ashkenazi.

Su formación, Azul y Blanco, presentada en febrero, ha logrado unos resultados impresionantes, superando el umbral del millón de votos (de los cuatro y medio emitidos) y colocándose prácticamente igualados en voto al Likud, un partido con más de cuatro décadas.

Según el Comité Electoral Central, con 4.054.747 de los votos escrutados (de los 4.083.493 emitidos), el Likud obtiene un 26,27% por ciento de las papeletas, frente a un 25,94% de Azul y Blanco.

El analista de Yediot Aharonot Nahum Barnea, aseguraba hoy que, pese al triunfo, Netanyahu tiene por delante una difícil tarea para lograr formar gobierno y duda de que consiga, como quería, el apoyo de sus socios para aprobar una ley que le de inmunidad que, asegura “finalmente era la razón por la que adelantó las elecciones”.

Tanto este analista como Ben Caspit, en el Maariv, recuerdan que no hay que dar por hecho un gobierno de Netanyahu, ya que sus planes se vendrán abajo si pierde el apoyo de los partidos que encabezan Avigdor Lieberman y el ministro de Finanzas, Moshé Kahlon, poco probable pero que podría ocurrir.

Sima Kadmon, también del Yediot, está de acuerdo en que Bibi no consigue con estos datos “la coalición anti-imputación que quería” por lo que “aunque forme gobierno, no ganará el gran premio: socios que le ayuden a aprobar una ley que impida que le imputen”.

Fuente: El Confidencial

¿Bibi o Gantz? Las encuestas dan la victoria a Azul y Blanco

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