Joven y nuevo. Así será el nuevo presidente de la exrepública soviética de Ucrania, el actor cómico Volodimir Zelenski, de 41 años, quien según los datos preliminares ofrecidos por la Comisión Electoral Central ha desbancado con contundencia a Petró Poroshenko.

Joven y nuevo. Así será el nuevo presidente de la exrepública soviética de Ucrania, el actor cómico Volodimir Zelenski, de 41 años, quien según los datos preliminares ofrecidos por la Comisión Electoral Central ha desbancado con contundencia a Petró Poroshenko.

Con un 80,87% escrutado, el artista ha ganado con un 73,09% de los sufragios frente al 24,57% del anterior presidente, representante de la vieja política y que en cinco años no ha podido solucionar los graves problemas del país, informó La Vanguardia.

Los datos oficiales de las elecciones de Ucrania demuestran que en esta segunda vuelta Volodimir Zelenski se ha impuesto en todas las regiones a excepción de Lvov, al oeste del país. Además, los datos señalan que la participación ha sido del 62,07%, casi ocho décimas menos que en la primera vuelta, en la que Zelenksi también ganó con claridad.

“No le arriendo las ganancias”, vino a decir el expresidente ucraniano Leonid Kuchma durante la jornada electoral. El motivo es que el nuevo jefe del Estado recibe una herencia nada envidiable: una guerra en el este del país que en cinco años ha costado más de 13.000 muertos y una situación económica desastrosa.

Con la votación de ayer terminaron meses de sucia pelea electoral desde que Zelenski anunció el pasado 31 de diciembre que cambiaba la escena de la comedia por la escena más seria de la política. Poroshenko reconoció su derrota sin esperar a los resultados oficiales y felicitó al ganador. Los datos de las encuestas a pie de urna son suficientes, dijo. “Son evidentes y me dan todos los motivos para llamar a mi adversario y felicitarle”, explicó el presidente saliente.

Un destructor estadounidense con decenas de misiles Tomahawk llega a Ucrania

Sin embargo, conminó a sus seguidores a “no rendirse nunca”. El traspaso de poderes en Ucrania se producirá el próximo mes. “Así lo han decidido los ucranianos. Pero quiero subrayar claramente que no dejaré la política”, prometió Poroshenko.

Petró Poroshenko ganó las elecciones presidenciales del 2014. Tras la revolución prooccidental del Maidán y la caída del expresidente prorruso Víktor Yanukóvich, tras la pérdida de la península de Crimea y el inicio de la guerra, los ucranianos creyeron que él, un empresario que había triunfado en los negocios y uno de los hombres más ricos del país, era la mejor opción para sacar al país de la crisis. Entonces, ni siquiera fue necesaria una segunda vuelta.

En esta ocasión la situación era muy distinta. Poroshenko ha fracasado en la lucha contra la corrupción, la solución a la guerra que se esbozó en los acuerdos de Minsk está parada y ni qué decir de la promesa vacía de retornar Crimea, una posibilidad que Rusia considera fuera de cuestión. De hecho, quedó cerrada y blindad en marzo de 2014, cuando el presidente ruso, Vladímir Putin, firmó la incorporación de la República de Crimea y de la ciudad autónoma de Sebastopol al organigrama político de la Federación Rusa.

La exprimera ministra Yulia Timoshenko aparecía como alternativa clara a Poroshenko. Pero ella también forma parte de la elite política-empresarial que, desde el campo prorruso o desde el campo prooccidental, ha estado durante años al frente de Ucrania. La irrupción de Zelensko lo ha cambiado todo. Cansados de todo, los ucranianos han elegido lo nuevo, lo desconocido, con la esperanza de que los problemas que después de cinco años siguen abiertos se solucionen.

“¡No os dejaré caer jamás!”, prometía a sus seguidores el presidente electo, en medio de una lluvia de confetti. Y luego, dirigiéndose a los otros países exsoviéticos: “¡Miradnos! ¡Todo es posible!”

En la primera vuelta Zelenski superó el 30% de los votos, mientras que ninguno de la vieja guardia llegaba al 16%. Terminado el primer asalto, las encuestas ya empezaron a pronosticar que la victoria de ayer sería de escándalo. Como el personaje que interpreta en la comedia de situación Sirviente del pueblo, se ha centrado en criticar la corrupción, subiéndose así a la ola de descontento con la elite política ucraniana.

En asuntos fundamentales, Poroshenko y Zelenski están de acuerdo. Por ejemplo, en seguir el camino de acercamiento a la Unión Europea y la OTAN que marcó la revolución del Maidán. Con Poroshenko ni estos asuntos han avanzado ni los problemas se han solucionado. Es el momento de cambiar.

“Lo principal ahora es ser honrado y decente frente a su pueblo. Y que Dios no permita que abandone este camino”, aconsejaba ayer el expresidente Kuchma. Si la gente confía en el presidente, entonces “las cosas no se resolverán de la forma en que se han resuelto hasta ahora”.

Quedan atrás las críticas a ­Zelenski por no ser un político profesional. Cierto que este es terreno desconocido para Ucrania, pero no en otras latitudes. Hay países con una larga tradición de actores metidos en política, y algunos han ocupado importantes puestos en la administración pública, incluida la presidencia, como Ronald Reagan, en Estados Unidos (1981-1989), o Joseph Estrada en Filipinas (1998-2001). Ser actor o llegar a la política desde otras esferas no condiciona ni el éxito ni el fracaso, como demuestran los muchos políticos profesionales del segundo caso.

Compartir: